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lunes, 16 de octubre de 2017

¿Venezuela dictadura y España democracia?


El pasado domingo 15 de octubre en Venezuela se celebraron las vigésimo segundas elecciones en los últimos 18 años. Elecciones libres en las que la oposición ha participado plenamente a pesar de que hace poco se negaba a reconocer al CNE. El chavismo al que muchos creían muerto, o al menos decrépito tras perder las elecciones a la Asamblea Nacional de 2015, ha resurgido en estas elecciones regionales en las que ha obtenido la victoria en 17 de las 23 gobernaciones del país, imponiéndose incluso en estados fuertes de la oposición, como Miranda.

Como era de esperar la oposición ha denunciado fraude, como ha hecho en todas y cada una de las elecciones que se han celebrado desde la llegada de Chávez a la presidencia, a pesar de que el sistema electoral del país latinoamericano cuenta con numerosas auditorías y un proceso que ha sido calificado por el mismísimo ex presidente de EEUU, Jimmy Carter, como el mejor sistema electoral del mundo.

En esta ocasión el Pueblo venezolano, que conoce de primera mano la situación del país y la viven directamente y no a través del ojo parcial y sesgado de los medios de comunicación, se ha volcado con una participación del 61,14 por ciento, castigando a una oposición que con sus llamados a la violencia y a desconocer al CNE, provocó recientemente unas protestas que dejaron 120 muertos, algunos de ellos quemados vivos. Una estrategia que ya se puso en práctica en 2013, ocasión en la que el saldo mortal ascendió a 43 personas, siendo el conocido Leopoldo López uno de los principales instigadores de aquellos sucesos por los que posteriormente fue encarcelado.

Tras las recientes elecciones regionales la oposición ya ha lanzado sus acusaciones de fraude. De hecho ya lo habían hecho incluso antes del proceso electoral. También lo hicieron de antemano en 2015 pero como en aquella ocasión ganaron, aceptaron los resultados.

Pero tras esta contextualización vayamos al punto central de este artículo. El 16 de julio de 2017 la oposición venezolana celebró un referéndum ilegal y sin garantías, que fue convocado unilateralmente por la coalición opositora MUD y  que fue aplaudido por los medios de comunicación españoles. Finalmente se celebró con total normalidad y sin ningún tipo de represión. Como es obvio, al ser ilegal, sus resultados no tuvieron ningún reflejo en la práctica.

A día de hoy sus convocantes siguen en libertad y hablan a diario en contra del Gobierno y llamando a la desobediencia en las TV y demás medios. En contraposición, el referéndum celebrado en Catalunya fue duramente reprimido por las fuerzas de seguridad del Estado español y varios de sus impulsores han sido acusados de sedición. De hecho esta noche hemos conocido la entrada en prisión de los líderes de ANC y Ómnium, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart. Hoy las cárceles españolas albergan a 2 nuevos presos políticos.

La Juez les acusa de un delito de sedición por promover las concentraciones del 20 y 21 de septiembre en Barcelona. Unas concentraciones en las que no hubo ni un solo herido y en las que la única violencia que hubo fue el anecdótico destrozo de unos vehículos de la Guardia Civil por parte de unas pocas personas de las miles que allí había.

Hoy vemos aplaudir estos encarcelamientos a los medios y líderes políticos españoles que pedían la libertad del opositor Leopoldo López que se encontraba en prisión por promover unas concentraciones en las que fueron asesinadas 43 personas, si bien algunas por la policía venezolana, la mayoría ocasionadas por ataques de manifestantes opositores contra chavistas y fuerzas de seguridad.

En España se vive desde hace años una progresiva escalada represiva que se ha ido acrecentando con el apoyo de los medios y el silencio de gran parte de la sociedad. La ley mordaza, detenciones de personas por opinar en redes sociales y ahora todo lo que esta rodeando a la cuestión catalana con miles de policías desplazados allí para la ocasión por orden del presidente de un partido fundado por 7 ex ministros franquistas.

A pesar de todo todavía pretenden que creamos que en Venezuela viven en una dictadura mientras que en España se disfruta de una ejemplar democracia. 












jueves, 21 de septiembre de 2017

Breve reflexión sobre Catalunya


Todavía les queda mucho por andar y es cierto que hoy el futuro es siempre incierto e inseguro, pero el pueblo catalán ha conseguido de momento hacer quebrar moralmente todo un orden legal y político corrupto incapaz de adaptarse a la voluntad del pueblo. El pueblo catalán lleva cinco años pidiendo aclarar su relación jurídica con España mediante un referéndum, tal y como hicieran hace tres años los escoceses con respecto al Reino Unido.

Lo que en Londres se consintió y promocionó como talante democrático de un país de tradición tolerante, en Madrid no puede siquiera concebirse. El otorgar a los catalanes el derecho a decidir sobre su futuro haría quebrar la ideología más rancia y siniestra de la tradición política española, aquella que considera Catalunya como "tierra conquistada", en palabras del ministro franquista Manuel Fraga Iribarne. Es esta una ideología fuertemente autoritaria y antidemocrática que remite ineludiblemente a los 40 años de dictadura franquista cuya barbarie no consiguió exterminar los sentimientos nacionales de las periferias peninsulares, especialmente en el caso vasco y catalán.

La Constitución del 78 y el régimen político emergente entonces obtuvo más de treinta años de estabilidad territorial gracias a la derecha nacionalista catalana y a la útil herramienta de los Estatutos de Autonomía. De hecho, el Procés empezó realmente en 2010, cuando el Tribunal Constitucional resolvió tumbar de manera humillante el nuevo aprobado en Catalunya en 2006. Más de un millón de catalanes se manifestaron entonces bajo el lema "Som una nació". El Tribunal Constitucional acababa de desatar la peor crisis territorial de la España democrática.

Desde Madrid se sigue apostando por el enfrentamiento abierto contra Catalunya, como si quisiera tensar la cuerda hasta que el bando más débil desfallezca de cansancio. Y, aunque esta actitud le cueste el ridículo internacional, no parece que vayan a cambiar de estrategia, habida cuenta de lo bien que le ha venido siempre a la derecha española encontrar un enemigo interno en sus propias fronteras.

Lástima que en l resto de España no se haya aprovechado el impulso rupturista catalán para proppugnar n mayor radicalismo democrático que cambie la cara al país y lo haga más acogedor para las nacionalidades periféricas. Claro que resulta difícil luchar por ello cuando uno pone la radio estos días y cree estar escuchando el NO-DO.

lunes, 13 de marzo de 2017

La Sexta: hegemonía progre


Progres, progres everywhere
-Esta entrada, como todas las del autor Pablérrimas en esta página, pertenece al blog Felices Mierdas, el cual nunca nos cansaremos de recomendar-

Recuerdo que, al leer esta noticia el pasado noviembre, me propuse escribir sobre un tema que me viene interesando y quitando el sueño desde hace varios años: La Sexta y el nada desdeñable rol de intelectual orgánico de la progresía española que gustosamente ha ejercido y ejerce de un tiempo a esta parte. Cuatro meses ya desde que el CIS revelara ese sorpasso mediático de la cadena de Atresmedia sobre TVE como principal referente informativo, ya va siendo hora de juntar unas letritas al respecto. Ruego a mis estimados lectores y lectoras que disculpen la demora y la sequía literaria que ha atravesado el blog últimamente. Pero bueno, esto es Felices Mierdas, qué hostias queréis.

Una clara apuesta por llevar la política a la pequeña pantalla 

En la última década -a raíz del estallido de la crisis económica, principalmente-, se ha producido un indiscutible aumento del interés de la ciudadanía española por la política. Por razones obvias, al haber disminuido el nivel de vida de las clases medias y subalternas, temas como la economía, la corrupción y las cuestiones sociales comenzaron a hacerse un hueco en las sobremesas de las tabernas ibéricas, llegando progresivamente a copar todos los espacios del debate público. Como todo lo que interesa da audiencia (y viceversa), la mayoría de las televisiones no tardaron en advertir esta politización y optaron por ofrecer un poco menos de fútbol y de prensa rosa y más contenido social en sus respectivas carteleras. Así, en un país donde siempre había estado mal visto hablar de política, esta entró por la puerta grande en la caja tonta. Y La Sexta es, sin discusión, la cadena que mejor entendió su potencial como producto mediático, seguramente porque apostó por ello desde su origen. Recuerdo Sexto Sentido, un programa de entrevistas presentado por Mamen Mendizábal, Helena Resano y Cristina Villanueva en 2006/2007 -primer año de vida del canal-, que no tuvo éxito simplemente porque, en esos años de relativa bonanza económica, el pueblo español tenía preocupaciones menos edificantes.   

El caso es que el canal verde ha mostrado siempre una intención de politizar la parrilla televisiva, habiendo llegado hasta un punto en el que es difícil encontrar un minuto del día en el que uno sintonice el dial 6 y no encuentre en su pantalla a un progre diciendo cosas de progre. Desde la denuncia social del “incómodo” Jordi Évole en Salvados (quizás, aún con sus límites, el programa más antisistema que uno pueda encontrar en un medio de comunicación de masas), hasta los “mordaces” e “hilarantes” comentarios del Gran Wyoming en El Intermedio, pasando por el periodismo “contestatario” y “carente de ideología” -todas estas comillas pretenden ser sarcásticas, sí- enarbolado por el matrimonio Pastor-Ferreras, sumado a los Javier Aroca, Elisa Beni o cualquier tertuliano de La Sexta Noche que se enfrente en buena lid al enternecedor dúo Inda-Marhuenda, conforman desde hace años un elenco de progres de incontestable parangón que ha convertido a esta cadena en la más politizada del panorama televisivo actual. Y así se explica que, según el CIS de noviembre, sea la principal opción de los españoles a la hora de informarse, así como su trascendental papel como creadora de discurso y argumentario socialdemócrata.

¿Es La Sexta de izquierdas? 

Si La Sexta ofrece un contenido que se desmarca notablemente del relato hegemónico liberal-conservador no lo hace para transgredir, sino para acercarse a un target determinado, más a la izquierda del centro político. Cabe señalar que izquierda y derecha son siempre conceptos relativos, dependientes de un contexto que ya viene dado (no era lo mismo ser de derechas en la URSS de 1935 que en la España de 2017, por poner un ejemplo). Ese contexto no es sino el sentido común de la gente de un colectivo determinado en una época determinada, siempre contingente y susceptible de resignificación, y por ello permanentemente en disputa entre actores con capacidad de comunicación y producción hegemónica. Y este último matiz es importante: por supuesto que tenemos prensa independiente, autofinanciada y libre, con contenido anticapitalista, pero con un poder de influencia muy limitado en comparación con el de los grandes grupos de comunicación. Incluso en la época de Internet, en la que supuestamente nos hemos acercado como nunca antes a una democratización de la información, en la que cualquier rojeras barbilampiño puede hacerse una cuenta de Youtube o un Blog de mierda y construir hegemonía entre sus hermanos proletarios, el cuarto poder está en el papel y, cómo no, en la televisión. En los grandes periódicos y en las grandes televisiones, para ser más exactos. Y, nos guste o no, lo más transgresor que la ciudadanía española puede consumir entre los medios realmente influyentes es este capricho personal del Marqués de Lara, que quiso conseguir con La Sexta el dinero y los espectadores a los que jamás habría podido acceder con sus productos destinados a una audiencia más conservadora, como Antena3 y La Razón. No hay que olvidar que el principal objetivo de un medio privado no es informar, ni formar, ni siquiera entretener, sino -al igual que el de cualquier empresa- el beneficio económico. Por lo tanto, conviene no obviar nunca los límites de una televisión burguesa y privada donde impera la lógica de mercado, independientemente de lo subversivos que puedan resultar sus contenidos.

Un clásico argumento liberal es que el monopolio tiende a uniformizar, mientras que la competencia crea diversidad. Así, el intervencionismo y la burocracia estatal desembocan en una prensa única y totalitaria, mientras que en las democracias burguesas fervientemente entregadas al libre mercado contamos con un inmenso abanico de propuestas y discursos diferentes que garantizan el pluralismo. La cruda realidad es que el liberalismo también opera con la lógica del pensamiento único, pero de una manera mucho más sutil que la burda propaganda unipartidista: el liberalismo crea pensamiento único a través de –y por paradójico que pueda resultar- la dicotomía: PP vs PSOE, Coca Cola vs Pepsi, Zara vs Mango, La Sexta vs Antena 3, o incluso el binarismo de género. No hay nada mejor para el éxito económico que polarizar un mercado entre dos opciones teóricamente antagónicas que, disputándose el centro, difieran en lo accesorio y converjan en lo fundamental, dejando fuera y condenando al ostracismo a toda opción que parta desde fuera de esas fronteras. Así, en nuestro panorama mediático, La Sexta denota claramente el límite a la izquierda de las propuestas y perspectivas políticas aceptables para el establishment. Siendo todo lo agitadora que la dejen ser, cumple un papel de disidencia controlada que, aún con un discurso presuntamente rebelde, empapa de legitimidad al poder, pues dota a este de una apariencia de pluralismo y de libertad que jamás podría conseguir la propaganda laudatoria propia de las dictaduras.

Palos y zanahorias a Podemos

"Pablo, id tirando que el niño se duerme"
Resulta difícil imaginar la efervescencia que experimentó la formación morada aprincipios de 2014 sin la popularidad que precisamente había adquirido Pablo Iglesias a base de discutir con Eduardo Inda en La Sexta Noche. Además, no es complicado percibir la simpatía de Ferreras y varios de sus compañeros por el partido de Vistalegre, por lo que se ha creado en el imaginario colectivo una suerte de tándem relativamente articulado entre unos y otros. Las interpretaciones más obtusas y facilonas de este fenómeno, tanto desde la derecha más rancia como la izquierda extraparlamentaria, han acusado durante los últimos años a La Sexta de aupar mediáticamente a la nueva fuerza política. Y esto es, en parte, cierto: de hecho, según la noticia adjuntada al inicio de este escrito, más de la mitad de espectadores que se informan a través de la cadena verde son votantes de Podemos.

Sin embargo, me gustaría señalar un par de cuestiones sobre la indiscutible sintonía entre Podemos y la cadena de Atresmedia. ¿Expone hasta la extenuación La Sexta a su partido fetiche por simpatía o porque le genera audiencia? Esta sobreexposición, más basada en el partido y en sus rostros que en sus propuestas, más centrada en sus escándalos que en sus problemas, ¿beneficia realmente a Podemos? Ese buen trato de Ferreras a Iglesias y a los suyos, ¿es enaltecimiento o domesticación? Ha habido y hay una dinámica bastante bien acompasada en Al Rojo Vivo cuando los púrpuras ocupan el punto del día: el facha de turno critica a la persona de Podemos en cuestión por antisistema; el presentador le defiende colocando a Podemos dentro del sistema -"¡Qué va a ser Podemos como Venezuela/ETA/Irán, hombre! Esta gente defiende la legalidad imperante, la democracia y el estado de derecho"-, favoreciendo así la representación simbólica de un Podemos determinado, conectando con la facción más moderada, sumisa, amable y descafeinada de la formación.

Nos queda entonces una relación complicada y llena de claroscuros entre televisión y partido político. La sobreexposición ha acabado convirtiéndose muchas veces en un regalo envenenado para Podemos, que ha visto así cómo se acentuaba su eterno dilema entre un discurso plebeyo o uno transversal. Si se desea la promoción de determinados medios al servicio del capital, uno ha de estar preparado para ejecutar ciertas concesiones ideológicas que derivan en una excesiva moderación del relato. En cambio, si se opta por la impugnación de lo existente, por el "de fuera a dentro" del que -en opinión de quien escribe- subyacen los principales puntos fuertes de Podemos, las manipulaciones, las campañas mediáticas, los zarpazos y la demonización son ineludibles. Y ese odio de la prensa buguesa daña y estorba, pero siempre va a ser garantía de que algo se está haciendo bien. En cualquier caso, se ha de tener en cuenta que los medios en general operan en esa encrucijada que divide a las múltiples sensibilidades de Podemos, y no hay que obviar nunca los riesgos que esto conlleva. Pues La Sexta es la cara más amable del régimen, pero precisamente por ello es una de las más peligrosas.

sábado, 29 de octubre de 2016

Muerte del Régimen del 78 y nacimiento de la nueva derecha

¿Quién le dice NO con esa cara?
Que el PSOE haya hecho presidente al conservador Rajoy en la tarde de hoy 29 de octubre del 2016 es una decisión histórica en toda regla. Es también una decisión simbólica pues las decisiones reales, las que marcan tendencias y dividen la Historia en etapas, fueron tomadas hace tiempo por poderes que hablan poco si no es en boca de sus vasallos más aventajados como Felipe González o Susana Díaz. La decisión del PSOE de rendirse a su sempiterno adversario estaba tomada desde hace tiempo y solamente nos quedaba comprobar la manera en la que se iba a hacer. Como la capitulación ha sido tan mediática y sangrienta, amén de haber zanjado un período histórico en España, merece la pena repasar lo ocurrido y reflexionar.

El PSOE fue siempre el partido por excelencia del régimen del 78, de igual manera que la Transición fue su mito-hecho fundante, el diario El País la voz que lo anunció y defendió hasta las últimas consecuencias –esto es, haberse convertido en un panfleto– y el Rey la figura intocable que unía el régimen del 78 con el régimen anterior, el depositario de las esencias que dominaron la Transición: la impunidad del pasado franquista, la seguridad de sus élites y el cierre de las esperanzas republicanas. Es por ello que ver al PSOE arrodillado ante el PP supone una imagen que dice muchas cosas sobre el fenecido Régimen del 78. 

El desenlace a esta crisis de régimen se veía venir en el último año, cuando nos cercioramos de que ninguno de los partidos de oposición tenía fuerza para gobernar en solitario ni voluntad de hacerlo en coalición. Mientras éstos se enzarzaban en propuestas y discusiones que no llevaban a ninguna parte para satisfacción de los mass media, el PP se dedicaba a destruir discos duros y ordenadores a la espera de que los votos llegaran por sí solos. Mientras las instituciones del Régimen como el PSOE y la Casa Real trataban de ponerse maquillaje y quitarse la corbata, el PP de Rajoy dejaba correr  el tiempo como si no pasara nada, ajeno a las algarabías mediáticas. Vencer a tus adversarios por inmovilismo y aburrimiento. Así fueron los últimos años de vida del Régimen del 78.

Ahora empieza otra etapa para el país. Y lo hace porque el actual PP, el único partido que tiene asegurados 7 millones de votantes en la España de hoy, ha decidido que el sistema bipartidista en el que ellos y socialistas se dividían las legislaturas ya no daba más de sí. También lo hace porque en el horizonte tienen un atractivo proyecto de poder que aspira a convertir el país en una finca para el partido, acostumbrado a mutar en banda criminal en cuanto obtienen el poder absoluto de una región.

Si hubiera querido salvar el Régimen, al PP le hubiera valido con ceder en algunas propuestas simbólicas al PSOE para que éste facilitara la investidura de Rajoy con cierta dignidad. Habría sido alabado por la mayoría de la prensa y habrían revivido esa entelequia llamada "espíritu de la Transición". Sin embargo, el PP optó por una estrategia aprendida del régimen anterior al del 78 y escupió en la cara al PSOE, esperando a que las piernas de barro de los socialistas se fueran deshaciendo a medida que andaban. 

Con ello, ha cercenado para muchos años la cabeza de su rival. No rival en cuanto a proyecto de sociedad, pues las políticas esenciales de ambas formaciones no varían mucho de lo que les dicte Bruselas, pero sí rival en el ejercicio del poder en España. La acumulación de cargos públicos y administraciones a lo ancho del país es el suculento proyecto que el PP espera poder ejecutar de aquí en adelante ya que el mapa electoral del país se ha vuelto absolutamente azul popular, a excepción de Cataluña y Euskadi.

La oposición del futuro
Está por ver si se podrán reunir fuerzas que se opongan al proyecto de poder absoluto de esta refundada derecha española. De momento, ocupa casi todas las administraciones del Estado, tiene el poder judicial comprado y en el bolsillo, controla el poder mediático y se alimenta del poder económico, ha reformado recientemente un cuerpo legislativo autoritario  hecho ad hoc y tiene una oposición aún por formar.

A día de hoy, el PSOE está moralmente arruinado y la Historia debería condenarlo a la pasokización. Sin embargo, no tiene pinta de ser así. O al menos no de manera absoluta. El PSOE puede hacer valer su condición de ave fénix y resucitar una vez más, aunque difícilmente será para gobernar, sino para contener al bloque Unidos Podemos, verdadera oposición al PP en lo ideológico y generacional. Además, el aparato socialista cuenta con una masa de votantes muy fieles que acostumbra a dar nuevas oportunidades al partido cuando éste les decepciona. Por no hablar del PSOE que representan Felipe González y Susana Díaz, que actúa con un apego ciego a los poderes fácticos del país.

En ese marco, ¿puede la UP heredar el papel que el PSOE tuvo en el Régimen del 78? ¿Se configurará como una oposición fuerte al proyecto de poder absoluto de inspiración franquista del PP? ¿Cómo debería articularse dicha oposición teniendo en cuenta que deberá alternar: Congreso con calle, alcaldía con lucha sindical, símbolos con hechos? Ese es el reto de la UP en esta legislatura: dejar claro al pueblo español que ellos son la única oposición real al PP, exceptuando la cuestión catalana, cuyo desenlace es lo único que podría deslegitimar el proyecto de esta nueva derecha desacomplejada, aunque también facilitaría su poder al vaciar de oposición lo que quede de país.. 

Para Iglesias y los suyos, será una lucha contra los elementos, los que probablemente finiquitarán sus aspiraciones. Porque no hay que olvidarlo. Podemos y la UP han sido retratados ante la opinión pública como los valuartes del caos y de lo imposible. Y es bien sabido que los españoles todavía prefieren la mierda que les rodea a un país distinto que ni siquiera pueden  imaginar. Porque, mientras que la mierda huele, lo otro no se puede concebir, mucho menos tocar.

Vienen años duros para los que creímos –o quizás fue únicamente que soñamos– que la crisis del Régimen del 78 podía saldar las deudas históricas que nos dejó la crisis del régimen franquista. Ello no ha sido así sino que hemos sido testigos de la refundación de una derecha prepotente, autoritaria y orgullosa de su orígenes que tan bien encarna Rafael Hernando, ese señor que parece salido de las cortes franquistas y que hoy sonreía con el derrumbe del PSOE, su manso y moribundo adversario que parece dar sus últimas bocanadas de aire tras la estocada que le han inflingido hoy en el Congreso.

viernes, 30 de septiembre de 2016

¿Se va el PSOE definitivamente a la mierda?


Cuando el plazo para volver a intentar formar gobierno apenas supera los 30 días, el Partido Socialista Obrero Español se encuentra sumido en una crisis sin precedentes, provocada por las incendiarias declaraciones de Felipe González, según las cuales Pedro Sánchez habría faltado a su promesa de abstenerse en el segundo intento de investidura de Rajoy. El rechazo del histórico dirigente (principal representante junto a Susana Díaz, Cebrián y El País de una suerte de vieja guardia socialista que nunca ha visto con malos ojos apoyar de forma tácita un gobierno del PP), ha desembocado en 17 dimisiones del sector crítico en la ejecutiva, que no pretenden sino la salida de Sánchez. El todavía secretario general, sabedor del apoyo que le profesa la militancia, ha mantenido su intención de convocar unas primarias para noviembre en el Comité Federal del próximo sábado. Tenemos, pues, un cisma que amenaza con sedimentar en una irreversible degeneración del partido que podría alcanzar su cénit (o tocar fondo, según se mire) en la pasokización*.

No hace falta explicar por qué la guerra interna que se respira en el seno del que haya sido el principal partido del llamado régimen del 78 supone per se un momento histórico de vital importancia política más allá de Ferraz. Conviene analizar bien las causas de la encrucijada socialista y preguntarse qué clase de escenario cabría esperar de confirmarse el óbito del puño y la rosa.

Cuando las contradicciones te estallan en la cara 

El Partido Socialista se ha constituido históricamente como la columna vertebral del sistema político naciente del final de la dictadura franquista. Tras la liquidación de Llopis y demás líderes históricos en el Congreso de Suresnes, la posterior renuncia al marxismo en 1979, y encabezado por el carisma y el atractivo de González, supo transmitir cambio y seguridad en el marco de la transición, donde el miedo fue un actor a tener en cuenta (sobre este tema, conviene leer El PCE y el PSOE en (la) Transición, de Juan Andrade). Una vez en el gobierno, supo aglutinar las demandas de una clase media incipiente, supo encarnar la modernización que desprendía la entrada en Europa y supo ser la organización que más se parecía a España. Y, por supuesto, supo ocupar el hemisferio izquierdo de un bipartidismo que prosperó años y años, acercándose a la perfección en la segunda legislatura de Zapatero, en la que los dos partidos del turno sumaban alrededor del 85% de los votos. Como poli bueno, como centro izquierda del régimen, el PSOE siempre ha sido concebido en el imaginario colectivo como una fuerza progresista y más o menos de izquierdas, algo totalmente incompatible con las políticas que tradicionalmente ha llevado a cabo. No obstante, hay que reconocer que la farsa funcionó más de lo deseable: el tan manido “PSOE y PP, la misma mierda es”, la idea de que desde Ferraz se defendían los mismos intereses que desde Génova, no empieza a calar en un sector amplio de la población hasta el 15M. 

Unos años antes, la crisis financiera de 2008 había empezado a poner en evidencia las muchas contradicciones que llevaba cabalgando durante mucho tiempo el partido socialdemócrata. Es en ese periodo donde se percibe de forma cristalina la imposibilidad de realizar políticas redistributivas en una Unión Europea tan neoliberal que no tolera ni el reformismo, la destrucción de las expectativas de vida de las clases medias, la sumisión de Zapatero y de sus homólogos europeos a las exigencias económicas de la Troika y la formación de un escenario post-político en el que prima la gestión racional de lo público sobre la ideología, las pasiones o los proyectos de país. A esta serie de problemas, perfectamente extrapolables a las democracias del entorno, hay que sumar un elemento que, de momento, sólo ha acontecido en España (y, algo antes, en Grecia): la aparición de un partido que amenazaba con tomar desde la izquierda el viejo espacio socialdemócrata. Un partido cuya juventud, maneras rompedoras e impía naturaleza constataban por contraste el cansancio, la vejez y la ausencia de ideología del PSOE. 

Todo esto iba a poner sobre la mesa una verdad demoledora: en lo fundamental, conservadores y progresistas están siempre de acuerdo. Todo esto es lo que ha estallado en el seno socialista y lo que ha certificado la existencia de dos almas dentro del partido: una socioliberal, arribista, con alma de régimen, pocos escrúpulos y nulas convicciones políticas, representada por la citada vieja guardia, para la que hasta Pedro Sánchez (o, en el pasado, Josep Borrell) supone un peligro. Otra, supuestamente progresista pero algo ingenua, siempre engañada y traicionada por la cúpula, encarnada tradicionalmente en la militancia. No obstante, convendría no idealizar a esta última como se ha hecho muchas otras veces, ya que ni por multitud (menos de 200.000 militantes en todo el Estado) ni por ideología ha demostrado fuertes convicciones reformistas. No olvidemos que esa misma militancia votó al desconocido pero apuesto Pedro Sánchez antes que a Pérez Tapias, el candidato de las últimas primarias que más podría merecer el calificativo de socialdemócrata. Ni que el propio Sánchez prefirió y preferiría gobernar con Ciudadanos antes que con otras fuerzas más progresistas. Además, sería demasiado benévolo para con el PSOE dotar a esta lluvia de cuchillos de honroso contenido ideológico cuando realmente sólo hay voluntad de poder y poltrona. El problema fundamental, lo único que realmente importa, es que las históricas incompatibilidades entre apariencias y acciones del partido que fundara Pablo Iglesias Posse han estallado como nunca antes. Y que, en segundo plano, aguarda paciente una joven organización dispuesta a rentabilizar lo que puede ser la defunción socialista. 


El regalo envenenado de Podemos

Resulta extremadamente complicado imaginarse esta inestabilidad sin el incesante empeño que ha puesto Podemos desde su nacimiento en dinamitar las contradicciones del PSOE. Como se ha dicho anteriormente, la formación púrpura siempre ha aspirado a invadir el espacio electoral y político ocupado desde hace décadas (desde la transición, principalmente) por socialistas, por lo que provocar y ahondar en esa inestabilidad se presentaba imprescindible. No es ningún secreto que Pablo Iglesias Turrión y los suyos hayan teorizado una y otra y otra y otra vez sobre la ventana de oportunidad que florecía para la izquierda transformadora a tenor de la crisis de la socialdemocracia europea en general y del partido de Ferraz en particular. 

Una vez conseguida la irrupción en las Cortes Generales, poco iba a tardar ‘Coleta Morada’ en advertir a Pedro Sánchez de la particular espada de Damocles que pendía sobre su testa. Desde el primer momento, Podemos mostró su deseo de formar un gobierno de progreso y alternativo a Rajoy junto a socialistas y otras fuerzas del cambio. Para muchos era un enésimo y traicionero paso hacia la moderación de Iglesias y los suyos. Para otros (a los que hoy el tiempo parece dar la razón), un mefistofélico farol, una oferta que Sánchez no podía aceptar. La insistencia de Iglesias y los suyos no hacía sino acercar al PSOE a una encrucijada, hacia un punto de no retorno. Sánchez tendría que tomar partido entre el PP y Podemos, tendría que posicionarse en clave de régimen o abrazar unas políticas de izquierda que un sector importante de su partido jamás consentiría. Optó por ganar tiempo: lo intentó con Ciudadanos, huyó hacia adelante como pudo… pero su firmeza en el ‘no’ a Rajoy ha terminado por hacer insostenibles las tiranteces entre secretario general y barones. Si el objetivo de los púrpuras era efectivamente incendiar Ferraz, el resultado es incuestionable.

En definitiva, el panorama se presenta desolador para los socialistas, tanto si la vieja guardia termina por tomar las riendas como si Sánchez consigue salir con vida de la feroz caza de brujas a la que se enfrenta estos días. Si bien en otras ocasiones (principalmente en los últimos años) se ha anunciado antes de tiempo el hundimiento definitivo, ni los más veteranos recuerdan una inconsistencia semejante en el seno del partido. En cualquier caso, los enemigos de la oligarquía (y por ende del Patido Socialista Obrero Español) bien podemos sentarnos y disfrutar viendo cómo arde un órgano importantísimo del régimen.

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*'Pasokización' es un término proveniente del hundimiento electoral del Movimiento Socialista Panhelénico o PASOK, considerado históricamente el homólogo griego del PSOE, que se ha convertido en los últimos años en una fuerza residual en detrimento de Syriza. La pasokización ha sido siempre un objetivo capital de Podemos en su lucha por ocupar el espacio tradicional socialdemócrata.

martes, 31 de marzo de 2015

Censura en los medios del estado español

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En las dictaduras el método para impedir que los ciudadanos estén informados es la censura, se impide la difusión de noticias que al poder no le gustan. Ahora las verdades pueden ser enterradas a base mentiras, de forma que el resultado es el mismo: ocultar la verdad, censura por tanto. 
 Pascual Serrano, periodista.
A finales de la semana pasada, el que fuera presentador de Las  Mañanas de Cuatro, Jesús Cintora, fue destituido de su puesto para enfado de miles de espectadores del programa que han propuesto un boikot desde las redes sociales a Atresmedia –el mayor grupo de comunicación de España y al cual pertenece Cuatro. La razón que adujo la cadena italiana para la destitución fue la "falta de objetividad" con la que el periodista soriano ejercía su trabajo al frente del exitoso programa. Básicamente, Cintora había dado voz a algunos de los sectores más perjudicados por la crisis, además de mostrarse agresivo en alguna ocasión con el Partido Popular y simpatizar en cierta medida con Podemos y Pablo Iglesias, el cual fue tertuliano en el magazine de Cuatro, ahora a cargo de Javier Ruiz.  

El caso de Cintora bien puede considerarse un caso más de la censura que vienen sufriendo periodistas de diversos medios de comunicación. Durante el gobierno de Rajoy se ha destituido a tres directores de grandes periódicos cuya línea editorial era demasiado crítica con el gobierno y el PP. Es el caso de Pedro J. Ramírez, exdirector de El Mundo, quien no dudó en acusar al Ejecutivo de su despido; de José Antic, acusado de defender tesis independentistas desde la Vanguardia; de Javier Moreno, exdirector de El País, diario que envió al incómodo Javier Cué de La Moncloa a Argentina.

Otro caso muy comentado recientemente es el de la destituida corresponsal en Gaza Yolanda Alvárez, quien llegó a ser acusada por un parlamentario del PP de ser de Hamás. La periodista había mostrado la crudeza de los ataques de Israel sobre la franja palestina durante el verano pasado. La limpieza ideológica que ha llevado a cargo el Partido Popular en RTVE merecería un post aparte ya que ha colocado como responsables del ente a conocidos derechistas como José Antonio Álvarez Gundín, subdirector de La Razón, o Julio Somoano, que pasó por 13TV y Telemadrid, que es junto a la valenciana el caso más flagrante del empleo de medios públicos para la propaganda y el enriquecimiento de unos pocos productores y pseudointelectuales afines. Ana Pastor, la actual directora de El Objetivo, el programa de La Sexta, también fue destituida de TVE "por hacer periodismo y por una decisión política", según aseguró en su momento la periodista, cuya habitual agresividad a la hora de entrevistar políticos incomodaba a los populares.

A pesar de estos casos, no se puede asegurar que la censura haya sido una herramienta habitual del sistema político español  actual a la hora de silenciar a la oposición. En líneas generales, en los regímenes capitalistas, las estructuras de poder tienden a marginar, ridiculizar o excluir las ideas disidentes, aunque, en un sentido amplio del término, esas acciones bien podrían considerarse como censura, tal y como afirma Pascual Serrano en la frase que da inicio al post.

Sin embargo, sí  ha habido dos casos principales en los que el Estado español o poderes anexos a él han actuado de manera contundente mediante la censura. Son el relacionado con el conflicto vasco y la sobreprotección que la monarquía y, en especial Juan Carlos I, han recibido de los medios de comunicación estatales durante décadas.

Euskadi no es España
Egin
La  sempiterna confrontación entre el estado español y el País Vasco y el recrudecimiento armado de esa situación con la llegada del régimen del 78 llegó a manifestarse también en el trato a los medios de comunicación y a los periodistas. Ya en los 80, los paramilitares del GAL asesinaron a dos periodistas abertzales, Xabier Galdeano –cuyo asesinato cumplió ayer 30 años– y Josu Muguruza, que también era diputado en el Congreso por HB en el momento de su muerte.

El diario Egin, fundado al igual que el Deia gracias a una fuerte campaña popular en 1977, se había erigido en la gran referencia de la prensa escrita para el electorado abertzale debido sus críticas a la represión, tortura y terrorismo del Estado y a su esfuerzo por impulsar las muestras de cultura vasca que surgían tras la Transición como el Rock Radical Vasco. Además, su línea editorial no condenaba la violencia de la por entonces muy apoyada popularmente ETA, aunque sus páginas de opinión permitían escribir a personas de diversos ámbitos ideológicos.

A principios de la década de los 90, la presión policial sobre Egin aumentó de manera significativa. Con el objetivo de conectar al diario con ETA, la Ertzaintza registró la redacción en 1994 deteniendo al periodista de investigación Pepe Rei, que sería absuelto en 1997. Sin embargo, por aquellos días entró en escena el juez Baltasar Garzón, quien en el verano de 1998 ordenó el cierre cautelar del periódico y de su radio, así como el arresto de sus principales responsables acusados de estar supeditados a ETA. Los detenidos fueron puestos en régimen de incomunicación siguiendo la legislación antiterrorista. El por entonces presidente español José María Aznar insinuó arrogantemente que el cierre era una orden del Ejecutivo al declarar a los medios lo siguiente: "¿Alguien pensaba que no nos íbamos a atrever a cerrar Egin?".

Tras más de un año de cierre, para cuando Garzón autorizó la reapertura del diario, éste era ya inviable económicamente debido a la abultada deuda acumulada. No fue hasta 2009 cuando una resolución resolvió que las actividades de Egin no eran ilícitas. El exdirector del periódico Xabier Salutregi y la exsubdirectora Teresa Toda fueron condenados a 12 y 10 años de prisión en 2005, aunque la última ya está en libertad. También volvió a ser detenido y liberado Pepe Rei, cuya revista Ardi Beltza fue cerrada en 2001. A los meses del cierre de Egin, vio la luz Gara, actual referencia editorial de la izquierda abertzale, que también sufrió desde su inicio los intentos de Garzón para que el nuevo diario se hiciera cargo de la deuda de Egin. Incluso el por entonces director del ABC, Ansón, manifestó su solidaridad con Egin y sus trabajadores afirmando que "el periodista no es un ciudadano impune. Si delinque debe pagar su culpa, dentro del ordenamiento jurídico de la democracia pluralista. Pero los periódicos impresos, hablados o audiovisuales no delinquen. Cerrarlos es una atrocidad que fractura la libertad de expresión en su misma raíz". El periodista conservador aplicó estas mismas palabras también al 'caso Egunkaria'.

Egunkaria
Corría el año 2003 cuando se cerró el diario Egunkaria, único periódico que se publicaba íntegramente en lengua vasca. Eran tiempos en los que el PP de Aznar gobernaba con mayoría absoluta y la derecha española afianzaba su hegemonía ideológica en el territorio español gracias a la lucha antiterrorista. Eran los tiempos más duros del "Todo es ETA", en los que se perfilaba ya la Ley de Partidos que acabaría ilegalizando a la formación abertzale Herri Batasuna por apoyar a ETA y no mostrar rechazo a la violencia como forma de hacer política.

El 20 de febrero de 2003, el juez instructor de la Audiencia Nacional Juan del Olmo ordenó la clausura temporal y el embargo preventivo de todos los bienes de Egunkaria por pertenecer al entorno financiero-empresarial de ETA. En plena madrugada, se detuvo en una operación conjunta a diez personas: Martxelo Otamendi, Iñaki Uría, Juan Mari Torrealdai, Peio Zubiria, Luis Goia, Txema Auzmendi, Xabier Oleaga, Xabier Alegría, Inma Gomila y Fermín Lazkano, la mayoría directivos de Egunkaria. Llevados a Madrid, y estando en régimen de incomunicación durante cinco días, varios de ellos fueron torturados e interrogados acerca de su relación con ETA ya que Egunkaria había realizado sendas entrevistas con la banda en 1999, 2000 y 2001. Cuando Martxelo Otamendi se amparó en su derecho constitucional a no desvelar sus fuentes, la respuesta de sus torturadores vino a ser que se callara, que aquello era la Guardia Civil, y que la Constitución les importaba una mierda.
El diario Berria es el sucesor natural de Egunkaria, clausurado en 2003 por el juez Del Olmo.
Varios de los detenidos permanecieron encarcelados durante varios meses y las cuentas del Egunkaria fueron embargadas, lo que imposibilitó la continuidad del diario, que tuvo en el recién salido periódico Berria su sucesor natural hasta el día de hoy con Otamendi como director. El proceso demostró que no había razones que justificaran el cierre de Egunkaria, cuyos responsables fueron absueltos definitivamente en 2010. La Audiencia Nacional realizó un durísimo comunicado contra el juez instructor Del Olmo afirmando que "las acusaciones no han probado que los procesados tengan la más mínima relación con ETA, lo que por sí determina la absolución con todos los pronunciamientos favorables"; tildando el encausamiento de "injerencia a la libertad de expresión"; y arremetiendo contra la acusación popular encabezada por la AVT y Dignidad y Justicia. Así de enfermizo resultó el cierre de Egunkaria, que contó con amplias dosis de solidaridad entre la población vasca.

También en el resto del Estado se dieron muestras de solidaridad para el diario y sus directivos, aunque el tono general de los medios de comunicación y de los políticos españoles distó bastante de ese respeto. Básicamente, celebraron el cierre de Egunkaria creyéndose a pies juntillas al juez Del Olmo. Era una victoria contra ETA. En este enlace se puede escuchar y leer algunas de las perlas que conocidos opinadores españoles dejaron por aquellos días. José María Calleja, por ejemplo, se refirió a Otamendi en estos términos:
“El señor Martxelo Otamendi, que es un etarra en comisión de servicios, que ha hecho una denuncia de presuntas torturas siguiendo el manual de los etarras y que, desde luego, el relato que ha hecho el otro día en El Mundo es el de un cobarde, que colaboraba con la propia policía. (...) y a este individuo le hacen la ola en una iglesia, le hacen la ola en la universidad y le dejan que explique el mensaje de una persona que apoya los asesinatos. A ver si se enteran los señores de las universidades que le están aceptando, este señor justifica los asesinatos de ETA. Lo hace regularmente en las tertulias de la Radio Pública Vasca.”
Por cierto, en 2012, el Tribunal de Estrasburgo condenó a España por no investigar correctamente la denuncia de Otamendi por haber sido torturado. Ni siquiera se le llamó para declarar.



Que nadie toque al Rey
Iñaki Anasagasti, histórico dirigente el PNV, ha insistido siempre en que la protección de los medios de comunicación hacia la figura de Juan Carlos I ha sido clave para consolidar el actual régimen democrático, en el que la figura del Rey ha sido elevada a poco menos que salvador del pueblo español y de su sistema político. El Rey Juan Carlos I, nombrado por Franco como su sucesor, vino a España sin riquezas gracias a su sangre borbona y se ha convertido a día de hoy en una de las grandes fortunas de Europa gracias a su labor como comercial para las grandes empresas españolas que hacen negocios en países, algunos de ellos de dudosa legitimidad democrática. La opacidad de la Casa Real y la inactividad del Tribunal de Cuentas han facilitado que Juan Carlos y su sucesor, el actual Rey Felipe VI, hayan aparecido como ejemplares e impolutos ante la opinión pública, que valoraba positivamente la institución monárquica mientras despreciaba a la clase política y los sindicatos, instituciones, nos gusten o no, inherentes al sistema democrática.

Cuesta ver y leer críticas sobre Juan Carlos I a lo largo de su trayectoria, manchada de sospechas de corrupción e inmoralidad. Siempre se ha hablado de que las redacciones de los principales medios españoles tenían un archivo específico donde guardaban informaciones comprometedoras sobre la Casa Real y sobre Juan Carlos I. El propio papel del monarca durante el 23-F sigue siendo muy discutido por algunos historiadores, pero fuertemente avalado por las televisiones, el cine y la literatura de masas. Ese silencio recuerda mucho a la ley de la omertá que rige los códigos de la mafia. Es un pacto tácito entre prensa y poderes político y económico para no tocar a una de la claves de bóveda de la España posfranquista.

En los últimos tiempos ha empezado a destaparse casos como el de Urdangarín o el escándalo de Bostwana en el que el pueblo español confirmó que su Rey se entretenía matando animales y viajando con su amante Corinna, algo respetable pero que había sido sistemáticamente ocultado por la prensa para no manchar la intachable moral católica de Juan Carlos, que disfruta desde su abdicación de la vida de lujo que siempre le gustó. Sin embargo, el actual Rey Felipe el Preparao ha salido indemne de toda esta oleada y se le ha encumbrado por todos los grandes medios desde su coronamiento en verano. De hecho, los dos casos más conocidos de censura en los últimos años fueron las portadas de El Jueves en los que el principal protagonista era Felipe. Es decir, se ha permitido cuestionar ciertos excesos del padre, pero se ha vuelto al silencio y al halago más protector con el hijo.


La portada de la izquierda es del año 2008, cuando el gobierno socialista anunció el famoso cheque bebé que ayudaba económicamente a los padres al tener un hijo. El Jueves bromeaba con la ociosa existencia de los reyes mediante esta imagen de mal gusto. Por el contrario, la portada de la derecha que cuestiona el legado juancarlista tiene lugar el pasado verano, cuando el régimen del 78 parecía más en crisis que nunca, y silenciar voces críticas se hizo absolutamente necesario.

Otro caso de censura sobre la institución monárquica en los últimos tiempos es el sufrido por el periodista José Luis Lobo, de El Confidencial, que fue llevado al tribunal deontológico de la Asociación de la Prensa por insinuar lo mal paciente que es Juan Carlos a la hora de tratar sus problemas de salud. Previamente, Javier Ayuso, exdirector de Comunicaciones de la Casa Real, había sido llamado por Lobo para contarle la información, a lo que Ayuso respondió con una denuncia a un tribunal deontológico por afrentas al Rey.

Censura sobre manifestaciones artísticas
Como si no fuera suficiente con fomentar la acrítica cultura de la Transición que todavía predomina a día de hoy, el poder ha tenido que censurar puntualmente expresiones artísticas disidentes. El caso más recordado puede ser el de Javier Krahe, quien cantó su mítico "Cuervo ingenuo" en un concierto que fue censurado por el gobierno de Felipe González en los 80. La letra retrataba al político andaluz como un mentiroso oportunista con la excusa de su cambio de opinión respecto a la OTAN. Aquella crítica le salió cara al genial cantautor, que perdió muchísimas posibilidades de actuar en las fiestas populares de los por entonces mayoritarios ayuntamientos socialistas. Esta situación de dependencia del artista español hacia los ayuntamientos para ser contratado en fiestas ha sido denunciada incluso por músicos como Loquillo, cuyo compromiso político siempre fue cambiante.

Todavía hoy vemos casos como los de Soziedad Alkoholika, grupo musical vasco que ha vuelto a ser censurado en Madrid por "peligro de alteración del orden público". Las explicaciones que S.A. da en su comunicado ponen en evidencia a las autoridades madrileñas. También Def con Dos ha sido vetado en Toledo recientemente al recibir presiones políticas el local que iba a albergar el concierto. Otros grupos y músicos como Los Chikos del Maíz, vetados en capitales como Burgos o Sevilla; Albert Pla,. que manifestó sentir vergüenza de ser español y fue censurado por ello; o Pablo Hásel, entre otros, han sufrido este trato. Caso aparte merece por su desfachatez la alcaldesa de Fuengirola, que ha prohibido música que no sea en castellano en las fiestas de la localidad. Además, "bajo ningún concepto se permitirá la ambientación musical con los siguientes géneros: funk, rap, reggaetón, electrónica, metal, alternativa, hip hop, reggae, heavy metal, country, punk, gótica o ritmos latinos en general".

La censura, en ocasiones, se ejecuta de manera torpe, como el juez que censuró cinco minutos del espeluznante documental Ciutat Morta emitido por TV3 debido a la presión popular. El resultado fue que el público pudo ver via internet ese fragmento prohibido a la vez que se evidenciaba el uso autoritario de la censura. Otros ejemplos de persecución en el medio audiovisual son los sufridos por varias televisiones madrileñas como Tele K o Canal 33, incómodas para el gobierno de Esperanza Aguirre, que tuvo a bien conceder licencias a las cadenas más derechistas que han conformado eso que se ha denominado "caverna mediática".