jueves, 26 de octubre de 2017

John Reed, un periodista yankee en la Revolución


De pronto, comprendí que el religioso pueblo ruso no necesitaba ya de sacerdotes que le abrieran las puertas del paraíso. Estaba edificando sobre la tierra un reino más esplendoroso que el de los cielos, un reino por el cual era glorioso morir. 
          John Reed al presenciar un entierro en Moscú en los primeros días de la Revolución.

John Reed está inseparablemente unido a la revolución rusa. Amaba a la Rusia soviética y se sentía cerca de ella. Abatido por el tifus reposa al pie de la muralla roja del Kremlin. Quien ha descrito los funerales de las víctimas de la Revolución como lo hizo John Reed, merece tal honor.
                     Nadezhda Krupskaya, destacada militante bolchevique y esposa de Lenin. 

La primera vez que leí el nombre de John Reed fue en una larga noche de navegación por la Wikipedia hará unos diez años. Buscando información sobre la revolución rusa llegué a la famosa momia de Lenin ubicada en la Plaza Roja moscovita y de las otras tumbas que rodeaban la muralla roja del Kremlin. Me percaté que los restos de dos americanos, John Reed y Bill Haywood, reposaban allí. Indagué de manera escueta en las vidas de ambos. Por un lado, Haywood había sido un prestigioso sindicalista a nivel mundial mientras que Reed se había convertido en el gran cronista de la revolución. Los dos habían tenido que morir en Rusia al ser considerados espías en EEUU. Durante unos años, la figura de Reed siguió revoloteando en mi mente cada vez que me acercaba al evento del que se cumplen 100 años sin atreverme a leer sus obras. Incluso no supe apreciar una visita a Moscú en la que vi su tumba, donde fue enterrado tras morir de tifus en 1920.

Entonces, hará 7 años, el diario Público inició una colección de libros titulada Pensamiento Crítico siendo la obra Diez días que estremecieron al mundo uno de las obras promocionadas. Decidí agarrar el libro y adentrarme en aquel pedazo de Historia tan mitificado como desconocido que me parecía la revolución rusa. Años después me leí de una tacada los otros tres libros publicados por la editorial navarra Txalaparta: México insurgente, Hija de la revolución y La guerra en el frente oriental.  De las obras de Reed guardo un recuerdo excelente en los periodístico y cálido en lo humano y tengo asumido que las volveré a leer algún día.

Una personalidad inquieta
Nacido en 1887 en una familia acomodada de Oregon, en el noroeste de EEUU, Reed estudió en Harvard, una de las universidades más elitistas del país. Ya en la propia Harvard, Reed se destacó por su activismo y por su popularidad ya que era un tipo divertido y desenfadado, capaz de desenvolverse en cualquier situación como demostrará a lo largo de su carrera. Al salir de Harvard, se consolidó rápidamente como uno de los más prestigiosos escritores de izquierdas, acercándose a las ideas socialistas durante su vida en el bohemio barrio de Greenwich Village de New York.


Podría haberse convertido en un notable escritor alternativo, de moderadas tendencias de izquierdas pero sin cuestionar el sistema desde su base. Habría tenido una larga y próspera carrera. Su personalidad alegre y apasionada, además de su talento, le habrían asegurado semejante vida. Pero pronto se vio que Reed no iba a ser uno más. De su época en New York y sus viajes a Europa nos legó unas maravillosas piezas periodísticas sobre los bajos fondos de la sociedad, artículos acerca de miembros del lumpenproletariado, a los que Reed se acerca con sincera amistad y solidaridad.

Mientras tanto, recorre el país cubriendo conflictos laborales, como en la huelga de la industria textil en Patterson, donde conoce y hace amistad con Bill Haywood. En 1914 llega a Colorado, donde se ha producido una masacre de mineros del carbón. Estos reportajes sobre el lumpen y el proletariado están incluidos en el más personal de los libros publicados en castellano, Hija de la Revolución. Reed rebosa contenido humano y lo combina con profundas dosis de crítica social.

En México insurgente, escrito en 1914 sobre la revolución mexicana, se corrobora  la personalidad aventurera, solidaria y entrañable del periodista americano, que se mezcla a pie de revolución con el pueblo mexicano, mientras nos describe las características de ese pueblo, el trasfondo de esa revolución tan singular y las bellezas y particularidades de México. En el plano estilístico, Reed innova con diversas formas narrativas y perfecciona el que se convertirá en su género más refinado: la crónica periodística.

1ª Guerra Mundial y la Revolución Rusa
Cuando estalla la Primera Guerra Mundial, Reed se opone a ella, convencido de que la masacre que se avecina es un capricho de las potencias imperialistas en el que el proletariado está abocado a la muerte. Es enviado a la Europa en guerra como corresponsal, experiencia de la que saldrá el libro La guerra en el frente oriental. Decepcionado por el fracaso de la Segunda Internacional, Reed entrevista a Karl Liebknecht, el valiente marxista alemán que ha votado contra los créditos de guerra en Berlín. En el frente oriental, describe a un pueblo serbio consumido por las enfermedades y a un decadente imperio otomano; se percata de la creciente indignación de muchos soldados en las trincheras; observa el desastre del ejército ruso y presencia la violencia que sufren los judíos en el suroeste del Imperio del Zar.

Finalmente, es arrestado junto a un periodista británico en Rusia acusado de espía ante el desprecio del embajador estadounidense en Petrogrado. Gracias al embajador británico, ambos periodistas serán liberados. A su vuelta a EEUU, Reed conoce y se enamora de la escritora feminista Louise Bryant, con la que comparte una hermosa relación libre de ataduras.

EEUU, tras un tiempo de espera, decide entrar en la guerra que tan bien conoce Reed. Evidentemente, éste se opone a la decisión tomada por el presidente del país, Woodrow Wilson. El patriotismo incuestionable margina las posiciones de Reed, que en agosto de 1917 decide embarcarse en un viaje que le lleve a la entonces agitada Petrogrado. Junto a él, viaja su compañera.
Portada de la película Reds (1981), dirigida y protagonizada por Warren Beatty junto a Diane Keaton y Jack Nicholson. Es, en muchos aspectos, un film valiente aunque lejos de ser perfecto.
Reed y Bryant llegan en pleno "asunto Kornílov", el golpe de estado con el que la reacción cree que va a cortar las alas a una revolución que se estaba yendo de las manos. Prontamente, Reed va a simpatizar con el proceso popular organizado en soviets que se está dando en Rusia. Entrevista a personajes como Kérensky, Kámenev o Trotsky; se mezcla una vez más entre las masas, con las que conversa y de las que aprende; asiste a mitines y sesiones del soviet; recopila periódicos y panfletos; persigue a esa sombra que es todavía el fugitivo Lenin y, finalmente, asiste a la toma del Palacio de Invierno y los primeros meses del gobierno bolchevique en un conjunto de crónicas insuperables.

En Diez días que estremecieron al mundo, Reed consigue lo que solo unos pocos han conseguido a lo largo de la Historia. Lo que el reportero polaco Kapuscinsky consigue en Un día más con vida, donde narra los primeros días de la independencia de Angola, o Patricio Guzmán en sus documentales La batalla de Chile, que narra el fin del gobierno de Allende y las aspiraciones de las masas proletarias chilenas. John Reed consigue fotografiar uno de los momentos más intensos y complejos de la Historia de la humanidad y guardarlo para la posteridad.

El libro te lleva al Petrogrado y te invita a vivir en esa ciudad chispeante. Y, como no podía ser de otra manera, Reed te obliga a escoger bando. Él lo hizo, no tuvo dudas a la hora de hacerlo. Como bien avisaba en el prefacio de su obra cumbre: "Durante la lucha, mis simpatías no eran neutrales. Pero, al trazar la historia de estas grandes jornadas, he procurado estudiar los acontecimientos como un cronista concienzudo, que se esfuerza por reflejar la verdad".

martes, 24 de octubre de 2017

La Revolución de 1905, el principio del fin del zarismo

El Zar dejará de ser sagrado para el pueblo ruso tras el Domingo Sangriento.
La autocracia es una forma de gobierno que ha muerto. Para sostenerla es preciso emplear todos los medios de violencia, la vigilancia policíaca más activa y severa que antes, los suplicios, las persecuciones religiosas, la prohibición de libros y de periódicos, la deformación de la educación, y en general toda clase de actos de perversión y crueldad. Tales han sido hasta aquí los actos de vuestro reinado.  
                                            Carta escrita por Leon Tolstói al zar Nicolás II en 1902
A principios del siglo XX, la Rusia del zar Nicolás II era un gigante con pies de barro. Hacía tiempo que había perdido la preponderancia militar que le había convertido en la policía de la Europa revolucionaria de mediados del S.XIX –la derrota en la Guerra de Crimea (1853-1856) había evidenciado este hecho además de detener en seco sus aspiraciones imperialistas–; su escasa industria dependía absolutamente del capital extranjero –especialmente del francés–; no poseía una clase media fuerte y numerosa que constituyera una sociedad civil parecida a las de Europa occidental sino que era un país eminentemente campesino y pobre; la política seguía marcada por la figura absoluta del Zar, muy ligada a la Iglesia ortodoxa, al antisemitismo y a un atávico desprecio a todo lo que significara progreso para el pueblo.

Desde finales del S.XIX, se habían hecho enormes esfuerzos por industrializar el país al precio que fuera necesario, especialmente aquello que tuviera que ver con las vías de comunicación –la red ferroviaria se duplicó en 15 años– y las industrias del metal que facilitaran el desarrollo del tren y de la industria armamentística. La industrialización fue escasa proporcionalmente hablando –el 80% de la población continuaba trabajando la tierra– pero tuvo ciertas consecuencias importantes para el país.

Por un lado, Rusia contaba con algunas de las industrias punteras, aunque muchas de ellas estuvieran fuertemente capitalizadas por financieros extranjeros. Eso equilibró la autoestima nacional lo suficiente como para afrontar la guerra ruso-japonesa a principios de 1904, que terminaría siendo un auténtico desastre para los intereses de la Rusia imperialista, amén de una soberana humillación para el país. Una "raza inferior" les había derrotado con suma facilidad en lo que se denominó "el fin del mito del hombre blanco". El conflicto sería una de las chispas de la Revolución de 1905. Pero para que aquello ardiera hacía falta algo más que una chispa, era necesario un pueblo deseoso de cambios.

Caricatura rusa de la guerra contra el Japón.
Y aquí hay que explicar otra consecuencia obvia de la industrialización: el surgimiento de una clase obrera joven y con una notable cultura de lucha ante un régimen despótico y su enorme aparato represivo, la Ojrana, la policía secreta zarista. Aunque aparentemente era la clase media liberal la que parecía promover más que nadie reformas políticas, pronto se vio que la clase obrera de San Petersburgo, Moscú o Ucrania era mucho más punzante en su lucha.

El Domingo Sangriento
La situación política había ido ganando en tensión a medida que las derrotas militares llegaban una tras otra –especialmente la pérdida del estratégico puerto de Port Arthur en diciembre de 1904– y las protestas crecientes de los obreros de Petrogrado (San Petersburgo) ante los despidos de cuatro obreros en la fabrica metalúrgica Putílov (este nombre será importante en 1917). Ya el 3 de enero de 1905, la clase obrera muestra claramente su verdadero potencial sacando a al calle a más de 100.000 personas.

Sin embargo, hay que subrayar que el movimiento revolucionario estaba todavía muy verde en algunos aspectos. Poseía todavía un toque cándido e ingenuo que limitaba su alcance. De hecho, el primer líder del movimiento es un antiguo capellán de prisiones de nombre Gueorgi Gapón, quien se horrorizaba al ver propaganda anti-zarista entre algunos de los obreros que protagonizaban las protestas. El 9 de enero tiene lugar el famoso Domingo Sangriento. Una enorme masa se reúne a primera hora de la mañana con la intención de marchar hacia el Palacio de Invierno. Las pancartas y peticiones de la manifestación le piden al Zar protección ante la vida inhumana que lleva la mayoría del país. Se cantan canciones y se refieren al Zar como "Padrecito".

Pintura que representa el Domingo Sangriento.
La respuesta del Zar será necia, violenta y repugnante. Primero, la caballería cosaca carga contra los hombres, mujeres y niños allí congregados. Luego, con los manifestantes disueltos y asustados, los soldados desenfundan sus armas y disparan ráfagas de balas. Muchos caen muertos en esas andanadas aleatorias, otros tantos  son acorralados y disparados a sangre fría.

Más de mil personas murieron aquella triste mañana del invierno gélido de Petrogrado. Con ellos, murió también el respeto religioso que el pueblo ruso sentía por el Zar. Aquel ser humano estúpido y gris que fue siempre Nicolás II había puesto sin saberlo la semilla de su propia aniquilación como monarca y parásito de Rusia. Su ineptitud le jugaría muchas malas pasadas en el futuro.

El revolucionario año 1905
El propio Gapón exclamará aturdido "¡No tenemos zar!" tras la masacre. Gapón sigue siendo un personaje controvertido, pues se sospechaba que podía ser un agente provocador, uno de tantos que la policía zarista colocaba en los movimientos políticos de oposición. Morirá a principios de 1906 asesinado por un antiguo compañero de luchas. Pero su liderazgo hacía tiempo que había muerto. Tras el Domingo Sangriento, el país se ve sacudido por huelgas y protestas de obreros industriales, tenderos, empleados del sector terciario e incluso campesinos. Es una revolución transversal, aunque no conseguirá derrocar al Zar.

Además, la reacción se activará desde bien pronto. De un lado, los liberales abandonan rápidamente la lucha y se acabarán conformando con unas pocas reformas. Por otro lado, la extrema derecha ultra zarista se organiza en torno a las Centurias Negras, grupos protofascistas marcados por el fanatismo religioso y que acostumbran a protagonizar pogromos en las zonas suroccidentales del país. Miles de personas son asesinadas por estos fanáticos.

El 13 de octubre tiene lugar un hecho que tendrá trascendencia histórica, el nacimiento del soviet de San Petersburgo, que paralizará a la ciudad casi por completo. Este soviet (que significa consejo en ruso) elegido por los obreros está compuesto por políticos eseristas –Partido Social Revolucionario con fuerte implantación en el campo–, mencheviques y bolcheviques –dos fracciones pertenecientes al Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Este hito no tendrá mucho recorrido en 1905 pero sentará un precedente indiscutible, además de presentar al país a Lev Bronstein, un revolucionario judío que será conocido más tarde como León Trotsky.

El joven Trostky tenía 26 años en 1905
De momento, los partidos obreros creen que el país no está preparado para una revolución proletaria, aunque hay una diferencia entre mencheviques y bolcheviques a este respecto. Mientras que los mencheviques optan por ceder el liderazgo del momento histórico a la burguesía liberal, los bolcheviques, liderados intelectualmente por un exiliado como Lenin, creen que el liberalismo y la burguesía rusa es débil y cobarde por lo que deberá ser el proletariado quien lidere el proceso y busque alianzas con el campesinado en lo que Lenin denomina "dictadura revolucionaria-democrática del proletariado y el campesinado". Una fórmula un poco recargada por el momento.

El 17 de octubre, el zarismo publica el Manifiesto de Octubre. Es un pequeño guiño a los liberales y conservadores ya que concede poderes legislativos a la Duma, el Parlamento ruso, y amplia el sufragio a ciertos sectores de clase obrera. El Partido Constitucional Democrático nace en este contexto y se convertirá en el partido liberal por excelencia. Se les denominará como kadetes y pronto se adherirán a la nueva monarquía constitucional, una simple y pobre fachada de democracia para el agrietado edificio del zarismo.

La Revolución de 1905 morirá a finales de diciembre en un Moscú insurgente y alzado en armas que será finalmente sometido. Enero del 1906 verá la represión gubernamental, pelotones de fusilamiento y varios miles de muertos.

La Rusia que cambió para siempre
Los años posteriores a 1905 son duros para las fuerzas revolucionarias. Aunque inicialmente la Duma funciona con cierta regularidad y en ella se puede encontrar a miembros de los partidos obreros, la violencia del gobierno contra las masas de campesinos y obreros no cesará. De hecho, el Zar coloca como primer ministro a Piotr Stolypin, un conocido verdugo durante la Revolución de 1905. Stolypin será asesinado en 1911 por un radical pero antes tendrá tiempo para manipular la Duma, perseguir a la izquierda e iniciar su más importante obra: la reforma agraria con la que quiere modernizar el campo.

Piotr Stolypin será primer ministro ruso de 1906 hasta su asesinato 1911.
La reforma aspira a introducir las dinámicas capitalistas en un entorno hasta entonces ajeno a ellas como era el campo ruso, que todavía concedía gran importancia a la propiedad comunal, mucho más protectora para los pobres campesinos. Stolypin quiere crear una cierta clase propietaria en el campo, algo que conseguirá a medias ya que, si bien algunos agricultores se apropiarán de ciertos lotes de tierras, la mayoría seguirá siendo extremadamente pobre. Estas masas pobres y ahora desprotegidas generarán una nueva oleada de inmigración hacia las ciudades industriales y acabarán engrosando las filas del ejército para la carnicería que se avecina en el horizonte: la Primera Guerra Mundial. La jugada de Stolypin tendrá efectos contraproducentes.

Mientras tanto, las organizaciones obreras pierden fuelle. Con la mayoría de sus militantes más valiosos en el exilio o en Siberia, los bolcheviques pierden militantes a gran velocidad y, con ellos, la capacidad de iniciar huelgas y protestas en el seno de Rusia. Los socialdemócratas moderados, los mencheviques, empiezan a coquetear con la idea de participar en un gobierno con la burguesía. La tercera gran fuerza de izquierdas, los eseristas, sigue afianzando sus bases en el campo gracias a la herencia de los famosos narodniks, populistas de ciudad que desde varias décadas antes habían marchado a entornos rurales para forjar la alianza campesinado-clases liberales urbanas.

Los eseristas bebían ideológicamente de aquellos narodniks y de la inteligentsia urbana, las escasas clases cultas que estaban dispuestas a que las condiciones de vida del campesinado mejoraran, algo muy raro entre las clases dominantes rusas. De esas corrientes políticas llegaron a surgir experimentos terroristas como Naródnaya Volia (La Voluntad del Pueblo), que asesinaron al zar Alejandro II en 1881. En 1887, un grupo heredero de Naródnaya Volia intentó ajusticiar a Alejandro III sin éxito. Los integrantes del comando fueron ahorcados inmediatamente. Uno de los activistas tenía como nombre Aleksandr Uliánov, hermano de Lenin, que por entonces tenía 17 años. Aquello le marcaría de por vida.

Aleksandr Ulianov, hermano de Lenin
Lenin siempre simpatizará con aquellos utópicos narodniks aunque cuidará mucho de no cometer sus errores. Lenin aspira a construir una herramienta más vanguardista y amplia que sea capaz de movilizar a las masas en un momento dado, algo que asustaría mucho más al sistema que grupúsculos de jóvenes populistas con tendencias magnicidas.

Rusia hacia la carnicería
En 1912, en una mina de oro de Siberia tiene lugar una horrible matanza de huelguistas que deja 270 muertos. Las peticiones de los mineros eran la jornada de ocho horas, mayores salarios y mejores condiciones en la mina. La compañía británica propietaria de la mina será la responsable de dar la orden de la masacre pero las consecuencias de dicha barbaridad las sufrirán en San Petersburgo, pues una nueva oleada de huelgas y protestas sacuden los centros industriales del país. En 1914 parece que puede volverse a armar un movimiento revolucionario fuerte pero, en el momento preciso, va a iniciarse la Primera Guerra Mundial.

El conservador Piots Durnovó advierte a quienes creen que el conflicto es un salvavidas infalible para el establishment zarista: "Si la guerra va mal, habrá revolución". El despliegue de propaganda probélica inundará el continente arrastrando con él a las socialdemocracias europeas, incluyendo a la más poderosa, la socialdemocracia alemana. En Rusia también se va a revelar el carácter poco racional de diversos símbolos de la izquierda. Desde el emergente populista Aleksandr Kérensky hasta el viejo marxista Plejánov pasando por el brillante ácrata Piotr Kropotkin, casi toda la izquierda aceptará aquella carnicería humana. Los bolcheviques y los mencheviques internacionalistas se opondrán a ella.

Sin saberlo del todo, la Rusia zarista se encamina a una masacre que destruirá su ejército y sembrará de rebeldía a los millones de soldados del frente, jóvenes sacados a la fuerza del campo para combatir en una guerra que no entienden bajo el estandarte de un Zar al que ya no profesan más que odio. El país está a punto de quebrarse y el zar Nicolás II y los círculos de la alta nobleza comparten confidencias con un curandero maldito por el demonio venido de la Rusia profunda llamado Grigori Rasputín. ¿Qué podría salir mal en la corte de Petrogrado?

Rasputín representa la decadencia de la casa Romanov. Había entrado en el corazón de la corte para curar mediante extraños hechizos al hijo de Nicolás II, enfermo de hemofilia. Con el tiempo, Rasputín se convertirá en un ser venerado por los círculos palaciegos gracias a su extraño carisma y la necedad de sus valedores. El desaliñado Rasputín es un borracho de la Rusia profunda que consigue seducir a la propia zarina Alejandra y a muchas otras mujeres de la alta sociedad, que le prestan favores sexuales. Sin embargo, con el paso de los años, poderosos círculos políticos le tomarán un intenso odio por lo que su figura tiene de apología del eterno retraso ruso. Conspirarán para asesinarlo en el frío diciembre de 1916 poniendo fin a una de las biografías más misteriosas e insólitas de la época.

lunes, 16 de octubre de 2017

¿Venezuela dictadura y España democracia?


El pasado domingo 15 de octubre en Venezuela se celebraron las vigésimo segundas elecciones en los últimos 18 años. Elecciones libres en las que la oposición ha participado plenamente a pesar de que hace poco se negaba a reconocer al CNE. El chavismo al que muchos creían muerto, o al menos decrépito tras perder las elecciones a la Asamblea Nacional de 2015, ha resurgido en estas elecciones regionales en las que ha obtenido la victoria en 17 de las 23 gobernaciones del país, imponiéndose incluso en estados fuertes de la oposición, como Miranda.

Como era de esperar la oposición ha denunciado fraude, como ha hecho en todas y cada una de las elecciones que se han celebrado desde la llegada de Chávez a la presidencia, a pesar de que el sistema electoral del país latinoamericano cuenta con numerosas auditorías y un proceso que ha sido calificado por el mismísimo ex presidente de EEUU, Jimmy Carter, como el mejor sistema electoral del mundo.

En esta ocasión el Pueblo venezolano, que conoce de primera mano la situación del país y la viven directamente y no a través del ojo parcial y sesgado de los medios de comunicación, se ha volcado con una participación del 61,14 por ciento, castigando a una oposición que con sus llamados a la violencia y a desconocer al CNE, provocó recientemente unas protestas que dejaron 120 muertos, algunos de ellos quemados vivos. Una estrategia que ya se puso en práctica en 2013, ocasión en la que el saldo mortal ascendió a 43 personas, siendo el conocido Leopoldo López uno de los principales instigadores de aquellos sucesos por los que posteriormente fue encarcelado.

Tras las recientes elecciones regionales la oposición ya ha lanzado sus acusaciones de fraude. De hecho ya lo habían hecho incluso antes del proceso electoral. También lo hicieron de antemano en 2015 pero como en aquella ocasión ganaron, aceptaron los resultados.

Pero tras esta contextualización vayamos al punto central de este artículo. El 16 de julio de 2017 la oposición venezolana celebró un referéndum ilegal y sin garantías, que fue convocado unilateralmente por la coalición opositora MUD y  que fue aplaudido por los medios de comunicación españoles. Finalmente se celebró con total normalidad y sin ningún tipo de represión. Como es obvio, al ser ilegal, sus resultados no tuvieron ningún reflejo en la práctica.

A día de hoy sus convocantes siguen en libertad y hablan a diario en contra del Gobierno y llamando a la desobediencia en las TV y demás medios. En contraposición, el referéndum celebrado en Catalunya fue duramente reprimido por las fuerzas de seguridad del Estado español y varios de sus impulsores han sido acusados de sedición. De hecho esta noche hemos conocido la entrada en prisión de los líderes de ANC y Ómnium, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart. Hoy las cárceles españolas albergan a 2 nuevos presos políticos.

La Juez les acusa de un delito de sedición por promover las concentraciones del 20 y 21 de septiembre en Barcelona. Unas concentraciones en las que no hubo ni un solo herido y en las que la única violencia que hubo fue el anecdótico destrozo de unos vehículos de la Guardia Civil por parte de unas pocas personas de las miles que allí había.

Hoy vemos aplaudir estos encarcelamientos a los medios y líderes políticos españoles que pedían la libertad del opositor Leopoldo López que se encontraba en prisión por promover unas concentraciones en las que fueron asesinadas 43 personas, si bien algunas por la policía venezolana, la mayoría ocasionadas por ataques de manifestantes opositores contra chavistas y fuerzas de seguridad.

En España se vive desde hace años una progresiva escalada represiva que se ha ido acrecentando con el apoyo de los medios y el silencio de gran parte de la sociedad. La ley mordaza, detenciones de personas por opinar en redes sociales y ahora todo lo que esta rodeando a la cuestión catalana con miles de policías desplazados allí para la ocasión por orden del presidente de un partido fundado por 7 ex ministros franquistas.

A pesar de todo todavía pretenden que creamos que en Venezuela viven en una dictadura mientras que en España se disfruta de una ejemplar democracia. 












jueves, 21 de septiembre de 2017

Breve reflexión sobre Catalunya


Todavía les queda mucho por andar y es cierto que hoy el futuro es siempre incierto e inseguro, pero el pueblo catalán ha conseguido de momento hacer quebrar moralmente todo un orden legal y político corrupto incapaz de adaptarse a la voluntad del pueblo. El pueblo catalán lleva cinco años pidiendo aclarar su relación jurídica con España mediante un referéndum, tal y como hicieran hace tres años los escoceses con respecto al Reino Unido.

Lo que en Londres se consintió y promocionó como talante democrático de un país de tradición tolerante, en Madrid no puede siquiera concebirse. El otorgar a los catalanes el derecho a decidir sobre su futuro haría quebrar la ideología más rancia y siniestra de la tradición política española, aquella que considera Catalunya como "tierra conquistada", en palabras del ministro franquista Manuel Fraga Iribarne. Es esta una ideología fuertemente autoritaria y antidemocrática que remite ineludiblemente a los 40 años de dictadura franquista cuya barbarie no consiguió exterminar los sentimientos nacionales de las periferias peninsulares, especialmente en el caso vasco y catalán.

La Constitución del 78 y el régimen político emergente entonces obtuvo más de treinta años de estabilidad territorial gracias a la derecha nacionalista catalana y a la útil herramienta de los Estatutos de Autonomía. De hecho, el Procés empezó realmente en 2010, cuando el Tribunal Constitucional resolvió tumbar de manera humillante el nuevo aprobado en Catalunya en 2006. Más de un millón de catalanes se manifestaron entonces bajo el lema "Som una nació". El Tribunal Constitucional acababa de desatar la peor crisis territorial de la España democrática.

Desde Madrid se sigue apostando por el enfrentamiento abierto contra Catalunya, como si quisiera tensar la cuerda hasta que el bando más débil desfallezca de cansancio. Y, aunque esta actitud le cueste el ridículo internacional, no parece que vayan a cambiar de estrategia, habida cuenta de lo bien que le ha venido siempre a la derecha española encontrar un enemigo interno en sus propias fronteras.

Lástima que en l resto de España no se haya aprovechado el impulso rupturista catalán para proppugnar n mayor radicalismo democrático que cambie la cara al país y lo haga más acogedor para las nacionalidades periféricas. Claro que resulta difícil luchar por ello cuando uno pone la radio estos días y cree estar escuchando el NO-DO.

viernes, 7 de julio de 2017

El Congo de Lumumba: el frustrado nacimiento de una nación


"Como muchos de sus predecesores en la Historia, Lumumba ha sido devorado por la revolución que él contribuyó a desencadenar."
                                                         El periódico de la clase media londinense Daily Mail
"Ved a Lumumba. Es casi un salvaje. El barniz de civilización con que le hemos cubierto se quiebra por todas partes. Es un bárbaro. Ignora lo justo y lo injusto, lo verdadero y lo falso, el bien y el mal"
                                                         Marcel de Corte, filósofo católico belga
"El Gobierno de la RAU piensa que el asesinato de Lumumba no señalará el fin de la lucha en África, sino el principio de una nueva fase de esta lucha. Lumumba no será más que un soldado en el camino de África hacia su libertad"
                                                        Gamal Abdel Nasser, Presidente de Egipto (1954-1970)
"A todos aquellos que contribuyeron a su eliminación de las formas más abyectas: Lumumba es el mártir de su país, de su pueblo, del África entera. Fue el primero que elevó la voz y rompió los intentos de infiltración del neo-colonialismo atlántico. Fue asesinado. Por este solo título se hace inmortal"
                                                          Le Martyr


Un día para la Historia
Balduino, el rey belga, está más pálido de lo habitual. Las palabras de Patrice Lumumba son las responsables del malestar real. Es 30 de junio de 1960, hace 57 años, y Balduino ha acudido con toda su buena voluntad al Congo para conceder la independencia a dicho país. Sin embargo, las cosas parecen haber cambiado. Aquella tierra que le había recibido con expectación casi religiosa en 1955 muestra ahora un gesto más hosco en boca de Lumumba, quien es ya entonces el primer presidente de Gobierno de la Historia del Congo independiente.

En el discurso previo al de Lumumba, Balduino había ensalzado la obra colonial belga, añadiendo con aire paternal: "Es a ustedes, señores, a quienes corresponde ahora demostrar que hemos tenido razón al otorgarles la confianza". Parecía el colofón al happy end en que se había convertido el proceso de negociaciones por independencia del Congo en los últimos meses. Las cosas habían ido relativamente bien. Y más teniendo en cuenta de dónde se venía: la colonización más cruenta y brutal que experimentara región alguna en África. Los congoleños habían puesto varios millones de muertos desde que el monarca Leopoldo decidiera, previo permiso de las potencias europeas reunidas en Berlín en 1884, quedarse con aquel trozo de África en el que cabía 80 veces Bélgica.

Quizás por eso, y probablemente por un cierto afán de protagonismo también, Lumumba decidió condenar de manera vehemente toda la etapa de la colonización en ese discurso histórico. Muchos criticaron esa actitud vengativa, tanto que Lumumba tuvo que rectificar horas después, en un intento por tranquilizar al rey y calmar a la población belga blanca del Congo. "Deseamos que esta política sea coronada por una colaboración fecunda entre nuestros pueblos, ahora iguales y ligados por la amistad", dirá. 

Sin embargo, ese día 30 de junio será el principio del fin de Lumumba, a quien se etiquetará de enemigo público en la metrópoli belga y el resto de Occidente. Aquellos minutos de dignidad y memoria se convirtieron en la tumba simbólica del político hábil y astuto que había liderado el proceso de independencia. Para muchos congoleños, aquel discurso se convertirá en icónico: "Este minuto de verdad nos paga por ochenta años de dominación".

Un paraíso maldito
Resulta difícil encontrar noticias positivas sobre el Congo hoy en día. Ha sido un país marcado desde su independencia por la tragedia, la pobreza, la guerra civil, la dictadura de Mobutu y el expolio de su riquísimo subsuelo. En el Congo se encuentran muchas de las principales minas de algunos minerales básicos para la economía mundial: coltán, oro, diamantes, cobre y cobalto. Además, su enorme extensión – es el país más grande del África subsahariana y el undécimo del mundo– y su posición estratégica en el centro del continente con su privilegiada salida al océano Atlántico confieren un gran potencial al país congoleño. En definitiva, Congo ha sido siempre un trozo de tarta muy apetecible para las potencias occidentales y sus grandes empresas.
Mapa de las riquezas minerales del Congo
Además, y este factor tendrá su importancia en el proceso de independencia que narraremos a continuación, el Congo es, ante todo, un auténtico crisol de etnias distintas. Más de 200 etnias habitan el suelo congoleño siendo las bantú –la bakongo, la baluba y la bamongo– las más importantes. Entre algunas de ellas han existido históricamente malas relaciones cuando no abierta hostilidad y violencia. Sin embargo, la colonización belga –y las fronteras trazadas por la potencias europeas en Berlín– obligaron a convivir en un mismo estado a todas estas etnias. Un vistazo al mapa inferior nos aclara mejor este aspecto. Para más inri, un pedazo de estas etnias fueron encuadradas en lo que se denominó el Congo francés, cuya capital Brazzaville es casi un barrio de Leopoldville-Kinshasa, capital del Congo belga, hoy República Democrática del Congo.

Mapa étnico del Congo belga y alrededores.
Estos dos factores –etnia y riqueza mineral– serán fundamentales para analizar el frustrado nacimiento de la nación congoleña. Mientras que el primer factor se usa para dividir a las masas congoleñas mediante líderes políticos tribales, el segundo factor es el verdadero motivo por el que los países occidentales actuarán cruelmente en su lucha por mantener al Congo bajo su redil. El mismo día de la Independencia la prensa neoyorquina se permitió el lujo de resumir la visión occidental ante el gran acontecimiento:
"Los intereses financieros han esperado el punto álgido en que la Independencia acarreará un caos tal, que permitirá imponer al Congo una nueva especie de 'colonialismo económico'; el hombre blanco debe continuar administrándolo todo, pero bajo el reinado de comparsas negros, cuyas necesidades materiales serán fácilmente colmadas, sea cuestión de vinos, mujeres, coches suntuosos, aparte de la cuenta en un banco suizo"

Lumumba tenía claro que el Congo debía ser un país unido –rechazando las fórmulas federalistas y secesionistas que tanto daño harían– y que sus riquezas le debían hacer más fuerte, no más pobre y débil. Esto, sumado al evidente apego que Lumumba tenía hacia las ideas pan-africanistas, que amenazaban con obstaculizar los planes occidentales, hizo de Lumumba un personaje peligroso al que había que eliminar. Igualmente, el escenario de la Guerra Fría y la mera posibilidad de que Lumumba se convirtiera en un Fidel Castro africano causaban pavor en el seno del bloque occidental. Pero, ¿quién fue realmente Lumumba? ¿De dónde había salido aquel personaje tan carismático y sagaz? ¿Cómo fue su politización en medio de la colonización belga?

Un negro desarrollado 

Lumumba nació el 2 de julio de 1925 en Katako-Kombe, una aldea al norte de Kasai, en el centro del país. El pequeño Lumumba –de etnia mutetela– será bautizado como Patrice y vivirá, como todos los niños congoleños, en un entorno de gran pobreza material. Su padre, un modesto campesino, le obligará a ayudar en el trozo de tierra que sostiene a la familia desde muy temprana edad. Sólo gracias a las enseñanzas de los misioneros católicos conseguirá Patrice aprender a leer y a escribir. "Podría llegar a catequista si trabaja bien", dijo el cura que le bautizó. Sin embargo, la familia posee un personaje de cierto rango social. Víctor Lundula, el tío de Patrice y sargento mayor del ejército, se empeñará en hacer de él un militar. No tendrá gran éxito en dicha tarea, aunque sí que dejará una honda huella en el sobrino, quien le nombrará jefe del Ejército nacional congoleño en 1960.

La adolescencia de Lumumba está marcada por su conversión al protestantismo, lo que suscitó consternación en su padre. "Me han dicho que eres un hombre perdido. Reflexiona, hijo mío", le espetó el campesino al Patrice de trece años. También se convierte en un voraz lector. Voltaire, Rousseau, Agatha Christie, Molière..., todo lo que le cae entre manos. Dejará sus estudios de enfermería y se empeñará en trabajar en lo que sea, por lo que se traslada a Kindu, un contraste claro para un humilde mutetela de campo. En Kindu ya vemos los rasgos de personalidad que marcarán su vida: gran capacidad y voluntad de trabajo, cierta necesidad vanidosa de halagos y reconocimiento y la determinación de formarse políticamente.

Por entonces, los jóvenes negros que buscaban formarse cultural y políticamente recibían el apelativo de desarrollados. La mayor parte de ellos aspiran a adquirir ciertos derechos reservados para blancos, ocupar profesiones liberales y coquetear con la política. Será en estos grupos donde Lumumba hará sus primeros pinitos en ese ámbito. Al principio con gran timidez y después con mucha mayor soltura y elocuencia, Patrice se va confirmando como la gran promesa de los desarrollados. Es él quien conseguirá que en esos círculos se debatan cosas más serias y empiecen a escribir a periódicos locales tratando temas sociales.

Sin embargo, a pesar de su intrepidez,  Lumumba es todavía un negro que quiere ser belga, que escribe pésimos poemas a la gloria del gran rey Leopoldo II y que sueña con conocer la metrópoli. Será en 1948 cuando empiece a dudar del estado de las cosas. "¿Por qué hay blancos que tratan menos bien a sus negros que a sus perros?", se pregunta entonces.

En Leopoldoville y Stanleyville

En esa época, a finales de los 40, las autoridades belgas anuncian la posibilidad para los negros más desarrollados de obtener la ciudadanía casi completa si cumplen con una serie de requisitos. Los círculos de desarrollados se convierten en el semillero de estos nuevos ciudadanos. El propio Lumumba obtendrá dicho honor pasando a ser un matriculado. De ahí decide abrir sus alas para ir a trabajar a la capital Leopoldville –actual Kinshasa–, donde se maravilla de la grandiosidad de la París del África negra. Podrá comparar Leo con Brazaville, la capital del Congo francés. "¡Da orgullo ser belga cuando se visita a los vecinos!", afirma un orgulloso Lumumba.

Un hecho anecdótico le abrirá los ojos con respecto a su lugar en la sociedad. Un día, paseando por los barrios blancos de Leopoldville, Lumumba chocará sin querer con una europea, quien le profiere el peor de los insultos posibles para un congoleño: "¿No puedes poner más atención, sucio macaco?" Aquello traumatiza a Lumumba, pues nunca se le había tratado de este modo en Kindu. donde era respetado y conocido por los blancos de allí. Pero en la capital la cosa cambiaba. Era un pez demasiado pequeño todavía.

Ya llegados los 50, Lumumba se casará con Pauline, con quien tendrá dos hijos. Ello coincide con su llegada a Stanleyville, la ciudad más importante de la región oriental, donde Lumumba forjará su leyenda como líder político. Será allí donde iniciará su carrera como funcionario y donde dispondrá de una bella casa. Casi parece un blanco más. Incluso será acusado de falta de moralidad en los manejos financieros.

Son años de transición para el ya maduro Lumumba, en los que empieza a picotear en política. Se convertirá en el presidente de la APIC (Asociación del Personal Indígena del Congo), lo que le da el suficiente prestigio para fundar junto a otros congoleños y europeos la sección provincial del Partido Liberal, que gobierna ya en Bruselas. 1955 se acerca y con él, la esperada visita del joven monarca Balduino. La carrera por la independencia y el nacionalismo congoleño se intuyen en el horizonte y Lumumba ya ha tomado una buena posición.

Cita con el rey
El rey Balduino junto a su esposa.
El viaje de Balduino al Congo en 1955 inaugura lo que podríamos calificar como "el lustro prodigioso de Lumumba". Durante los próximos cinco años, este hombre de aspecto elegante, de manos y dedos grandes y gafas de intelectual trabajará sin descanso y con grandes dosis de brillantez hasta convertirse en el líder más importante del nacionalismo congoleño.

Como no podía ser de otra manera, Lumumba tendrá el privilegio de saludar al rey belga durante la arrolladora gira que Balduino hace por el Congo. En su estancia en Stanleyville, ambos son presentados. Lumumba, como negro desarrollado más destacado de la región, habla con toda franqueza de los problemas de los suyos y consigue atraer la atención del monarca, quien también seduce al político en ciernes que tiene ante él. Aparentemente, Balduino trae promesas de mejora para los congoleños y, especialmente, para sus principales líderes y representantes.

Son tiempos de promesas para el continente africano. El nombre de Kwame Nkrumah, el líder nacionalista de Ghana y primer gran abanderado del panafricanismo, empieza a darse a conocer; Argelia mantiene su lucha por la independencia ante Francia; en Egipto gobierna Nasser, el militar nacionalista y laico que establecerá puentes con la África negra y los países árabes. Todo ello va formando a Lumumba, quien en 1956 es invitado por las autoridades belgas a visitar la metrópoli. Un sueño cumplido para el humilde mutetela y un paso importante para el líder político.

Durante dos semanas, Lumumba viaja por todo el país belga y se reúne con empresarios, políticos, intelectuales y obreros, completando un viaje muy provechoso. Sin embargo, es detenido nada más llegar al Congo. En vistas al viaje a Bélgica, donde tenía previsto comprar muchos libros, ropas y recuerdos, Lumumba había hecho acopio de algunas sumas de dinero del trabajo. Deberá pasar dos años en la cárcel, aunque pronto se le recortará la pena a un año. Aunque en un primer momento trata de defenderse –y su jefe en la oficina le respaldará en gran parte–, finalmente aceptará la condena con algo de rencor a los belgas. De hecho, usará este asunto para hacer demagogia ante sus seguidores congoleños: "El dinero que he tomado era de los congoleños y del Congo". Pero Lumumba se arrepentirá por siempre de ello, pues facilitará la descalificación adversaria y traiciona su verdadera personalidad: la del más honesto y trabajador de los congoleños.

Surge la ABAKO
Kasavubu será el gran líder de la ABAKO, alianza de bakongos de corte conservador y federalista con base en el Bajo Congo.
La prisión contempla la impotencia de Lumumba al ver cómo sus adversarios políticos del nacionalismo congoleño le toman la ventaja. Joseph Kasavubu, un político calmado influenciado por el catolicismo, funda la ABAKO, una alianza de las tribus bakongo, etnia predominante en la zona del Bajo Congo, en ese trocito de tierra congoleña que une el Congo con el Atlántico. Posee una fuerte implantación en la capital Leopoldville, posición clave para liderar el movimiento nacionalista del país.

Como la inmensa mayoría de los políticos de su generación, Kasavubu no posee la amplitud de miras de Lumumba. Son simples líderes tribales que defendían el proyecto de su etnia y poco más; ansiaban el federalismo cuando no el abierto secesionismo como más adelante se verá con Tshombe y Kalonji. La lucha por la independencia no fue tanto una revuelta popular o de masas –que también–, sino una suma de proyectos particulares difícilmente compatibles entre sí que solían estar manejados por potencias occidentales.

𛲠A su salida de prisión, Lumumba tendrá que correr más que de costumbre. Para ello, entra a trabajar de comercial en una marca de cervezas con un buen sueldo mientras disecciona a sus rivales políticos. Concluye que debe acercarse a una figura emergente como Joseph Ileo, de etnia bengala –y por lo tanto enemigo de los bakongos de Kasavubu–, que acaba de publicar un manifiesto nacionalista. Esta alianza le facilitará a Lumumba posicionarse en la capital del país, muy alejada de Stanleyville, donde todavía mantiene su gran popularidad.

Joseph Ileo se convertirá en un apoyo de Lumumba aunque acabará separándose de él.
En diciembre de 1957, las primeras elecciones organizadas por los belgas en el Congo da una gran ventaja a los líderes de la ABAKO, que empieza a incomodar a las autoridades europeas. Lumumba decide fundar el Movimiento Nacional Congoleño (MNC), que se constituye como oposición natural a la ABAKO pues su programa es más audaz y su organización aspira a ser más eficaz.

A mediados del 58, Charles de Gaulle viaja a Brazaville para ofrecer en bandeja de plata la independencia a los congoleños del Congo francés. Sus palabras resuenan en Leopoldville y, para fortuna de Kasavubu –al que se le empieza a conocer como rey Kasa–, será su primo, el abate Youlou, el que abanderará la independencia en Brazaville. Pero no todo son malas noticias para Lumumba, pues las autoridades belgas prohíben a Kasa acudir a una conferencia africana que organiza Nkrumah en Accra. Aunque ésto prueba que los belgas temían más por entonces a la ABAKO que al MNC, Lumumba aprovechará el viaje a Ghana para erigirse en principal líder congoleño a ojos de África.

1959: el gran ascenso de Lumumba
Tratar de hacer una crónica de lo que ocurrió en 1959 en el Congo puede resultar un ejercicio imposible habida cuenta de lo que aconteció aquel año. La Historia es así, en un siglo pueden pasar pocas cosas, mientras que en unos meses parecen transcurrir siglos. Sin embargo, trataremos de describir y comentar los principales sucesos del momento.  

A finales del 58 la tensión se palpa en el ambiente político del Congo. Desde Bruselas, el gobierno belga no es capaz de ofrecer soluciones que dinamicen la situación, por lo que los nacionalistas congoleños empiezan a impacientarse. La chispa que puede hacer arder el bosque ocurre entre el 4 y el 6 de enero, cuando unos disturbios iniciados tras la represión de una manifestación deja un saldo de 42 muertos y 257 heridos. Durante dos días, los blancos son aterrorizados por actos de pillaje, violencia y violaciones. El miedo entre la población europea jugará un papel importante a partir de entonces. 

Bruselas ha enviado a Leopoldville a un gobernador de corte progresista llamado Van Hemelryck, quien reconoce la situación de miseria en que viven los congoleños y promete soluciones. Sin embargo, por otro lado, las autoridades no vacilan en disolver a la ABAKO y detener a sus dirigentes, con Kasavubu a la cabeza. Esta alternancia entre paternalismo y represión será leída de manera formidable por Lumumba, quien se está convirtiendo en el político más intrépido y apasionante del país. 

Es en 1959 cuando Lumumba empieza a manejar diferentes discursos según el público al que hable. Ante los negros, se muestra intensamente antibelga; ante los belgas, defiende que los congoleños seguirán necesitando de los técnicos blancos tras la independencia y propugna relaciones de hermandad con Bélgica; ante públicos mixtos, tiende puentes y luce su mejor sonrisa. Se ha convertido en un político maquiavélico, en el sentido positivo del término. Alguien que sabe más de política que todos sus adversarios. De manera brillante y un tanto cínica, defenderá a los líderes de la ABAKO que han sido desterrados a Bruselas.

En abril de 1959 tiene lugar en Luluabourg un congreso de partidos políticos que ve triunfar las tesis lumumbistas de mantener unido al país bajo el lema "¡Congo unido, país fuerte"! En este ascenso, muchos intentan acercarse a Lumumba. Algunos con buenas y humildes intenciones, y otros con ganas de trepar y tomar el poder. Será el caso de dos personajes despreciables: Albert Kalonji, un baluba que ha hecho de anfitrión en el congreso de Luluabourg y forma parte del MNC; y Joseph Desiré Mobutu, quien alterna su trabajo de periodista con un puesto como colaborador en los servicios de información belga.

Kalonji con la bandera de Kasai al fondo. Será colaborador de Lumumba aunque acabará traicionándolo y participando en la secesión de Kasai en 1960. 
Las tesis en favor de la división del Congo, animadas por potencias extranjeras y por líderes étnicos en busca de su trozo de pastel, reciben un fuerte espaldarazo en verano del 59. De un lado, en junio, Kasavubu declara que su región por excelencia, el Bajo Congo, está listo para independizarse ya mismo; por otro lado, el MNC sufre una escisión de su ala conservadora liderada por Kalonji, ese hombre infame que empieza a mostrar su verdadera cara. El propio Kalonji será detenido en agosto. En ese momento del proceso, a los belgas no les atraía en absoluto las ideas secesionistas puesto que imaginaban que un Congo dividido sería más fácil de penetrar por parte de otras potencias occidentales.

Mientras, Lumumba redobla sus ataques retóricos contra los belgas a la vez que su partido se robustece a lo largo y ancho del país. Muchos de los nuevos militantes son jóvenes exaltados que acostumbran a usar la extorsión para captar nuevos fieles al MNC, aspecto que es usado por los enemigos de Lumumba para atacarle. Él se defenderá comparándose con Gandhi y rechazando toda violencia. También sufre un intento de golpe dentro de MNC a manos de Ileo y otros pseudointelectuales, los cuales, tras ser derrotados por Lumumba, abandonan el partido. Lumumba no los necesita aunque sean las mejores cabezas del MNC.

Los belgas andan confusos. No sólo son incapaces de calmar la tensa situación de un país que empieza a entrar en una espiral de violencia entre etnias, sino que fracasan al crear un partido nacionalista moderado liderado por Bolikango, el más mimado de los políticos de la época. Esto contrasta con la fuerza exhibida por Lumumba y el MNC en su primer Congreso en Stanleyville, donde pide independencia inmediata y el inicio de las negociaciones. Fiel a su discurso punzante, Lumumba insiste en un lema: "La independencia no se recibe, se conquista. Se arranca".

Martirio en prisión y victoria en la negociación
Si algo le falta a Lumumba para redondear su perfil de líder congoleño es una pequeña dosis de martirio que le iguale a Kalonji y Kasavubu, que sí han sido encarcelados por los belgas. Por aquel entonces, Lumumba es todavía un hombre con estrella acostumbrado a que todo le venga rodado. Tras una jornada de represión que deja 30 muertos, el 31 de octubre, en Stanleyville, el líder del MNC es detenido. Durante dos meses, Lumumba toma aire y fuerza antes de encarar el tramo final de la independencia.  En ese lapso de tiempo, las elecciones sonríen al MNC, que se confirma como primer partido nacional, a pesar de la ausencia de Lumumba.

Por su parte, Bruselas traza una nueva línea a seguir. A mediados de diciembre, Balduino embarca rumbo a la colonia para convocar una mesa redonda que tendrá lugar en Bruselas durante el mes de enero de 1960. La recepción del pueblo congoleño al monarca vuelve a ser notable, especialmente gracias al rumor extendido por el MNC que afirma que la visita real tiene como objetivo liberar al líder panafricano: "Balduino viene a liberar a Lumumba".

La mesa redonda se celebrará entre el 20 de enero y el 20 de febrero. Sin embargo, Lumumba no será liberado hasta el 26 de enero, gracias, en parte, a un abogado facilitado por Mobutu, un hombre todavía fiable para el MNC. A su llegada a la capital belga, Lumumba dirá con tono presuntuoso: "He sido golpeado y torturado, pero perdono a los belgas".

Tshombe, el líder del secesionismo de Katanga se convertirá en un factor decisivo del fracaso del proceso de independencia. Su figura está controlada por el capital minero belga y por los propios EEUU.
Además, su retraso no influye en absoluto en el papel de Lumumba en la mesa redonda ya que sus tesis de un Congo unido son bien recibidas y resultan exitosas. Incluso se permite el lujo de descalificar a los consejeros blancos que manejan cual marionetas a ciertos líderes tribales, especialmente en el caso del líder katangués Tshombe, un mercader metido a político cuyo partido está creado y sostenido por la empresa belga Unión Minera. Será Tshombe quien acuse con fuerza y mala voluntad a Lumumba de "comunista", algo que era sinónimo de enemigo a destruir por parte de Occidente en aquellos años de Guerra Fría.

Para mayor agrado de Lumumba, el frío Kasavubu comete un error de cálculo. En medio de las negociaciones, abandona Bruselas y marcha a París para ofrecer una rueda de prensa criticando el proceso. No sólo no tiene ninguna repercusión en el Congo, sino que allana el camino a Lumumba, que se confirma como el único hombre con proyecto de país. Se convocan elecciones legislativas y se pone fecha a la independencia para el 30 de junio.

Elecciones y proclamación de independencia
Todas estas sensaciones se plasman en las elecciones de mayo de 1960, donde el MNC y sus aliados arrasan. El resto de líderes de la independencia se conforman con obtener buenos resultados entre sus gentes, pero Lumumba es el único que vertebra el país. Aquí la tabla con los resultados de las elecciones.
Aunque las fuentes varíen en el resultado exacto de las elecciones, queda claro que Lumumba y sus aliados (color rojo) son los indicados para liderar el país. Especial mención a Gizenga, quien se convertirá en el sucesor de Lumumba a la muerte de éste, liderando a la región oriental contra el giro de la política congoleña.

La aritmética electoral dejaba en Kashamura, que tenía su base en la región oriental de Kivu, la decisión final de quién contaría con apoyos suficientes para formar gobierno. El líder de la CEREA se inclina de manera natural hacia el lado de Lumumba, aunque en un principio los belgas tratan de obviar este hecho proponiendo a Kasavubu configurar un gobierno imposible. Finalmente, será Lumumba el primer presidente de Gobierno del Congo mientras que deja la presidencia de la República al rey Kasa. Con este movimiento, se concreta la alianza de Lumumba con el escorpión, encarnado por el líder de la ABAKO, en cuya naturaleza está picar a la rana que le ha ayudado a cruzar el río como ocurre en la famosa fábula.

La ciudad de Leopoldville se engalanará, pues, para recibir una vez más al rey Balduino. Es el fin de una época. Para finales de 1960, casi todo África ha conseguido la independencia, pero es bien sabido que el trozo de tierra que toma el nombre de Congo sigue siendo muy apetitoso. Y ello ya se ve nítidamente en los días previos a la proclamación de la independencia. Los belgas han enviado más tropas al país para proteger a los asustados blancos, han dificultado el gobierno de Lumumba, la secesión de Katanga está al caer... Incluso Ileo, otrora colaborador del MNC y ahora experto en democracia, se suma a la incipiente campaña anti-Lumumba. "Él es el fin de la democracia y usted lo sabe. Si no le retiráis la misión de formar gobierno, lo matamos en 48 horas", le dirá Ileo al ministro belga del Congo, Ganshof Van de Meersch.

Crisis de gobierno 
La polémica en torno al discurso de Lumumba el día de la proclamación de la independencia comentado al inicio del artículo no será nada comparado a lo que ocurrirá los próximos días. Una semana después de los fastos, estallará una revuelta de militares congoleños irritados por la preponderancia y los salarios de los parlamentarios. El Ejército empieza a quebrar el frágil Estado congoleño. Hay que añadir que muchas de estas protestas estaban incentivadas por multitud de agentes extranjeros recién llegados al país con el objetivo de desestabilizarlo.

Por todo el país, escuadrones de paramilitares belgas toman posiciones, especialmente en el estado de Katanga. Los belgas descubren bien pronto sus cartas cuando intervienen militarmente Elisabethville, capital de Katanga, el 9 de julio. Tshombe les extiende una alfombra de sumisión y agradecimiento. Tanto es así que dos días después proclama la secesión de Katanga para agradar a la Unión Minera belga, que no está de acuerdo con eso de repartir las riquezas del Congo entre los congoleños.

El nefasto papel jugado por la ONU y su secretario general, el señor Hammarskjold, sellará el destino de Lumumba y su gobierno. 
A partir de aquí, se va a producir un teatro aborrecible entre los actores internos y externos del Congo. Entra en escena la ONU, con su secretario general Hammarskjold a la cabeza, que se dedicará a entorpecer y torpedear al gobierno legítimo de Lumumba en su lucha por la unidad territorial. Lumumba se enfrentará ante la conducta hipócrita de la ONU y rompe relaciones con Bélgica a mediados de julio.

El propio líder congoleño empieza a sentirse cansado y a agriar su carácter. Junto a Kasavubu inicia una gira por el país para reconducir la situación y pacificar a la población, que empieza a perseguir a todo lo que parezca belga. A su llegada a Elisabethville, su avión no podrá tomar suelo a petición del vil ministro del Interior de Katanga, Munongo. Aturdido e impotente, Lumumba espetará al piloto: "¡Ponga rumbo ahora mismo a Moscú!"

Entre el 23 de julio y el 8 de agosto, Lumumba inicia una gira por varios países del mundo –Ghana, Túnez, Marruecos, Guinea, Reino Unido, EEUU, Canadá...– que se salda de manera positiva. Es recibido con honores de presidente de un país y multitudes le aclaman allá donde va. Es un chute de optimismo para encarar la que será su última batalla. Sin embargo, a escondidas, cual cobardes, EEUU va a decidir dar el visto bueno a la eliminación de Lumumba y envía a un agente reputado para la misión, Frank Carlucci, quien llegaría a ser secretario de Defensa con Reagan.

A imitación de Katanga, el 8 de julio, el abyecto Kalonji funda el Estado minero del Kasai del Sur, un minúsculo trozo de tierra al norte de Katanga repleto de diamantes. Durante el mes de agosto, el gobierno mantiene el rifirrafe con la ONU a cuenta de los soldados blancos que pueblan los cascos azules, ya que Lumumba tan solo confía en los cascos azules ghaneses y marroquíes, países que siguen apoyándole.

Tras concluir la conferencia panafricana organizada en Leopoldville a finales de agosto, llega septiembre. La conferencia ha sido el último gran acto de masas de Lumumba, que recibe cinco días más tarde, el 5 de septiembre, la picadura envenenada del escorpión Kasavubu. El líder bakongo ha acudido a la radio principal del país a anunciar la destitución de Lumumba y le da su puesto al arribista Ileo, que cumple su sueño de dirigir el Congo. Poco le durará la alegría al pobre. Un golpe mayor se acerca por detrás y viene uniformado y con fusil.

Dos imágenes de Mobutu, quien dará la puñalada definitiva a Lumumba, que había sido su adalid. "No tengo nada personal contra él", dirá tras el golpe de septiembre.

Mobutu y el Ejército entran en escena
A la destitución de Lumumba por Kasavubu le sigue una intervención temeraria del legítimo presidente, quien se enfrenta a los militares que ocupan la radio desde la que ha hablado Kasa. Ahí, Lumumba tilda de traidor al jefe de Estado. Seguirán unos días tensos pero sin noticias. Kasavubu se ha refugiado con su primo en el Congo francés, bien resguardado también por la potencia francesa, que sigue manejando al abate Youlou. El 14 de septiembre, Mobutu, ascendido previamente por Lumumba a coronel del ejército, neutraliza las instituciones políticas: "Opero una revolución pacífica, para dejar a todos tiempo de reflexión y se apacigüe la situación".

Mobutu sigue órdenes de agentes extranjeros al servicio de los occidentales. Él no posee el coraje ni el talento para llevar a cabo semejante operación, aunque, eso sí, tiene influencia en el ejército nacional, que no es poco. En un principio, se puede pensar que Mobutu no tenía malas intenciones personales contra Lumumba, tal y como alegará, pero lo cierto es que acaba de ponerle a su antiguo líder las esposas que llevará hasta su muerte, que ya se intuye próxima. Más tarde, cuando sea dictador del país y sienta su conciencia carcomida, Mobutu se intentará apropiar de la imagen de Lumumba poniéndole su nombre a Elisabethville, la actual Lumumbashi

En Leopoldville se constituye un Colegio de comisarios generales para dirigir el país. En un principio, tratan de acercarse a Lumumba, pero éste rechaza semejante falsedad. Todavía vive en su residencia vigilado por soldados de la ONU y del ejército congoleño, aunque ocasionalmente sale a la calle a sentir el apoyo de gran parte de la población. Mientras, en el resto del país, los distintos bandos se configuran en lo que es ya una guerra civil.

De un lado, tenemos a la dupla Mobutu-Kasavubu dirigiendo lo que queda de gobierno central; luego están las regiones secesionistas del sur –Katanga y Kasai del Sur–, donde se están produciendo limpiezas étnicas de manera descontrolada; y por el este tenemos al gobierno de Gizenga, que desde Stanleyville trata de continuar el legado de Lumumba junto al tío de éste, Víctor Lundula, ahora jefe del Ejército oriental.
Situación del país desde finales de 1960 hasta entrado 1961. El gobierno de Gizenga va a obtener importantes triunfos que darán esperanza a Lumumba, que sabe que su vida depende de poder llegar zona roja.
Ello motiva a Lumumba a emprender su última aventura. Decide huir de noche junto a su familia y dos colaboradores suyos, Okito y M´Polo. Por unos días parece posible la hazaña pero, finalmente, el 1 de diciembre, será detenido. Tiene el tiempo necesario para poner a salvo a sus familiares, aceptar su negro destino y preguntarse sobre el futuro de sus hijos: "¿Dónde irán a hacer sus estudios? Me gustaría que aprendieran inglés. ¡Me hubiera gustado tanto conversar más con ellos!"

Muerte de Lumumba
Es encerrado en la prisión de Thysville, cercana a la capital. Tratado con cierto respeto por la soldadesca, Lumumba sigue teniendo algo que le hace peligroso. Su prestigio se mantiene intacto, y sus sucesores Gizenga y Lundula siguen cosechando éxitos militares para vergüenza de Mobutu, que se revela como un pésimo estratega. Incluso se insinúa un motín en la prisión que le puede abrir las puertas de la libertad, pero el levantamiento es apaciguado por los políticos capitalinos. Poco a poco, Lumumba acepta su destino: "Si muero será porque un hombre blanco habrá armado a un hombre negro".

Lumumba detenido junto a Okito, a la derecha de la imagen.

En Lepoldville están nerviosos. Quieren quitarse de en medio a Lumumba pero no quieren mancharse las manos con sangre de héroe. Así, optan por enviarlo a Katanga en un siniestro vuelo donde él y sus compañeros son apalizados hasta casi morir. Al llegar a Elisabethville, el matón de Tshombe, Godofredo Munongo, tendrá la oportunidad de saciar su sed de sadismo. Ante un hombre medio muerto, pero aún digno según los testigos, Munongo vocea palabras de odio: "Y bien, ¿sigues siendo invulnerable? ¿Sigues escupiendo las balas?". A continuación, hunde la bayoneta lentamente entre las costillas. Un agente belga –uno de los muchos que había en Katanga– le da el tiro de gracia.

Mucho se especuló sobre las circunstancias exactas de su asesinato. De hecho, pasó un mes antes de que se confirmara la muerte de Lumumba, Okito y M´Polo. Tshombe, que no dejaba de ser  un simple vendedor sin escrúpulos, tampoco quería jactarse de haber asesinado a un líder tan reconocido, por lo que contó la historia de que los tres arrestados habían permanecido en prisión hasta que un mal día lograron escapar, siendo linchados y asesinados por los lugareños del primer pueblo al que llegaron. Nadie lo creyó, pero algo había que inventar.

Según la versión más extendida, los asesinos de Lumumba disolvieron el cuerpo en ácido y esparcieron los restos para que nunca ningún congoleño o africano pudiera visitar la tumba del más importante padre del país y de uno de los hermanos más destacados del continente. En el año 2001, el parlamento belga reconoció su responsabilidad en el final de Lumumba y esbozó una leve petición de perdón. Un poco tarde, quizás.

Todavía resuenan las palabras llenas de tristeza del egipcio Nasser, del filósofo francés Sartre o del líder argelino Ben Bella, quienes creían que la muerte de Lumumba daría más fuerzas a la lucha por la uhuru (libertad , en swahili) del Congo y África, que la victoria era inevitable. No fue del todo cierto. A veces, una personalidad concreta puede y debe cambiar el rumbo de la Historia. De igual manera, una muerte puede esfumar todas las esperanzas. Ese fue el caso de aquel Congo brillante y prometedor que nunca fue. Y esta ha sido, a grandes rasgos, la historia de quien más luchó por lograrlo.
"No me llores, compañera. Yo sé que mi país, que tanto sufre, sabrá defender su independencia y su libertad. ¡Viva el Congo! ¡Viva África!"
                                                         Carta de despedida de Lumumba a su mujer Pauline 

sábado, 3 de junio de 2017

Medios españoles no contrastan información y atacan a Nicolás Maduro con vídeo manipulado por la oposición venezolana

En este breve artículo vamos a exponer un caso flagrante de manipulación sobre Venezuela que se ha podido ver estos días en diferentes medios de comunicación españoles, en el que se han utilizado unas declaraciones televisadas del Presidente electo de Venezuela Nicolás Maduro, en las que hablaba sobre una próxima campaña de recogida de firmas relacionado con el proceso constituyente que está en marcha en el país latinoamericano, y en las que hacía referencia irónica a un tuit escrito días antes por un líder de la oposición. Vayamos a los hechos:

El pasado 31 de mayo de 2017, el diputado opositor Freddy Guevara, conocido por instigar hechos violentos durante las manifestaciones en contra del Gobierno Bolivariano (Ver vídeos) publicaba este tuit en el que hacía gala de su ignorancia y en el que hablaba de "5 puntos cardinales".


El tuit en cuestión fue objeto de bromas y mofa en todo el país. Unos pocos días más tarde, Nicolás Maduro se sumaba a esta oleada de bromas y durante una retransmisión televisiva en la que se abordaban diferentes temas relacionados con el proceso constituyente que está en marcha en Venezuela, hacía un comentario jocoso y en tono irónico, parafraseando al opositor Freddy Guevara.

VÍDEO COMPLETO


Miguel Otero, Director del diario "EL NACIONAL", uno de los principales periódicos de Venezuela, privado y de editorial radicalmente opositora, cosa que desmiente que en Venezuela no haya libertad de prensa, publicó un en su cuenta de twitter un fragmento editado y cortado del vídeo que acabamos de ver, sacando las palabras de Maduro de su contexto, y dando a entender que el Presidente era el responsable del error de los puntos cardinales.

A continuación vemos el vídeo editado subido por el Director de "EL NACIONAL" y su tuit.



Como hemos mencionado en otros artículos, los medios internacionales acostumbran a repetir sin contrastar las afirmaciones de voceros de la oposición venezolana dando por ciertos hechos que, en muchas ocasiones, son manipulaciones, visiones tendenciosas, o simples opiniones particulares. En este caso no ha sido diferente y enseguida, varios medios de comunicación españoles se hacían eco de esta información manipulada por Miguel Otero y trataban a Maduro de ignorante e inculto. Cosa que por cierto, no hicieron días antes con el tuit del "metepatas" original, Freddy Guevara.



Evidentemente han sido miles de personas las que, confiando ingenuamente en la profesionalidad de estos medios, han difundido estas pseudo-noticias y se han atrevido a calificar de ignorante a Nicolás Maduro sin ser conscientes de que los ignorantes en realidad eran ellos. Uno de los casos más llamativos es el del Director de Human Rights Watch en su sección para América, José Miguel Vivanco, que publicaba este tuit en su cuenta.


Afortunadamente hoy en día las redes sociales nos permiten acceder a la información completa que hace unas décadas nos habrían ocultado con éxito. Si nos mienten con cosas tan simples como estas, ¿Por qué íbamos a creerles en asuntos más complejos acerca de Venezuela?¿Qué credibilidad tienen organizaciones como HRW cuando no son capaces ni de comprobar algo tan sencillo como el caso que acabamos de ver?

Todos ellos tienen intereses económicos en Venezuela y llevan utilizando estos métodos de manipulación desde que Hugo Chávez fue elegido Presidente de forma democrática. Este caso debería servir para abrir mentes y hacer reflexionar a quienes siguen creyendo todo lo que cuentan sobre Venezuela.

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La cara violenta de la oposición venezolana que no te muestran los medios