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sábado, 24 de enero de 2015

El cambio en el sur de Europa pasa por Grecia

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Soy jubilado. No puedo vivir en estas condiciones. Me niego a buscar comida en la basura. Por eso he decidido poner fin a mi vida. Dimitris Christoulas
Tsipras quiere convertir Grecia en Corea del Norte, y no permitiremos que eso suceda. Sus propuestas fiscales no son una esperanza, sino el filo de una navaja para los hogares griegos. No estamos dispuestos a volver atrás. Andonis Samaras
La trágica llamada a una televisión griega de una mujer deseperada por su situación económica que conmocionó a media Europa hace una semana resume de manera directa y contundente el estado del pueblo trabajador heleno tras cinco años de devastación neoliberal e imposiciones de la troika. Las elecciones de este domingo, que parten con Tsipras como claro favorito, se han erigido en la penúltima esperanza no solamente para el pueblo griego sino también para buena parte de las izquierdas de la Europa mediterránea, entre las cuales destaca desde España la notable irrupción de Podemos, partido liderado por el carismático Pablo Iglesias. Lo que ocurra el domingo y durante los primeros meses de un eventual gobierno Syriza podría ser clave para el posible ascenso de Podemos.

Antecedentes político-electorales
La crisis económica iniciada a finales de la década pasada ha devastado especialmente las regiones mediterráneas del sur de Europa. Grecia, que pidió al FMI medidas de ayuda financiera –el famoso rescate– para evitar la suspensión de pagos hace cinco años, copó hasta hace poco los titulares informativos que retrataban al país balcánico como un desastre mayúsculo. El partido Nueva Democracia, de similar genealogía política que nuestro Partido Popular con sus vínculos pasados con la dictadura, el fascismo y el gran capital, falseó los datos de déficit antes del colapso financiero (con la ayuda de Goldman Sachs, por cierto), situación denunciada a posteriori por Papandreu, el líder del PASOK, vencedor en las elecciones del 2009 en plena tormenta. Dos años después, y tras no permitirle la UE someter a referendum el paquete de ajustes sociales que el gobierno quería implementar, Papandreu dimitió siendo sustituido por el tecnócrata Papademos. Un golpe de Estado financiero en toda regla similar al de Italia.

Las elecciones de mayo y junio de 2012 cambiaron completamente el panorama político del país, dejando un Parlamento fragmentado y surgiendo como alternativa de izquierdas Syriza, que experimentó un crecimiento portentoso abanderando las políticos contra la austeridad y el pago de la deuda, mientras que Nueva Democracia (ND) obtuvo una pírrica victoria. El desplome de la socialdemocracia clásica del PASOK y la aparición del neonazismo de Amanecer Dorado (AD) fueron otras notas destacadas de aquellos comicios. Desde entonces, Syriza y ND vienen acumulando apoyos creando una suerte de nuevo bipartidismo que el domingo se pondrá a prueba.

Situación socioeconómica
La frase que encabeza este post escrita por Dimitris Christoulas en su nota de suicidio resume el deterioro acelerado que las clases subalternas han sufrido en Grecia últimamente. Dimitris, un farmacéutico jubilado que quedó sin la pensión que había costeado en vida, es un caso típico en el país, que presentaba unas tasas de suicidio muy bajas antes de las crisis. La elevada tasa actual se ceba especialmente en los hombres adultos, acosados por la responsabilidad fallida de obtener los ingresos con los que sustentar a sus familias, y ancianos, que como Dimitris optan por quitarse de en medio en situaciones familiares críticas a nivel económico. También, y debido a los recortes para prevenir el uso de drogas intravenosas, han aumentado los casos de VIH entre una población joven con niveles de desempleo que superan los de España y que encuentran en nuevas drogas una vía de escape. (Ver figura)
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El paro, que llegó al 28% hace un año, ha decrecido hasta el 26% en los últimos meses, aunque, como bien saben los españoles hoy, esas cifras no reflejan la realidad que se está imponiendo sobre las clases populares europeas: la precarización del trabajo como regla general y la posibilidad de vivir en la pobreza aún estando ocupado laboralmente. Algo similar se podría decir respecto al repunte del PIB con el que Samaras y ND esperan vender el esperado progreso que  llega a la sociedad griega tras años de sacrificios.

El índice Gini (Ver figura) aúpa a Grecia a los primeros puestos en el ranking de desigualdad de la UE, solo superada por países como Letonia o Bulgaria, que ya padecieron en los 90 el quizás mayor aumento de desigualdad conocido en el mundo en tan poco tiempo tras el colapso del campo soviético. Además, el 70% de los parados lo son de larga duración, lo que ha provocado que muchos griegos pierdan su seguro sanitario (tres millones de griegos no poseen cobertura médica) en lo que se ha convertido en uno de los más grandes desastres acontecidos en Grecia en los últimos años: la destrucción de la sanidad debido a los recortes. Aunque esta situación ha generado redes de solidaridad ciudadana, la austeridad ha propiciado que los griegos tengan que pagar 10 euros por consulta y 700 euros por parto, por poner un par de ejemplos. Para empaparse mejor del estado del país, conviene acceder a informes de especialistas, medios pequeños y piezas sueltas de grandes medios que retratan en profundidad lo que aquí se ha esbozado brevemente.

Este descalabro político-social propicia las condiciones objetivas para que el domingo gane por primera vez un partido que aspira a decir no a la austeridad y a los mercados desde un gobierno legítimo.

Previa: ND apela a la extrema derecha

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Una de las últimas encuestas estira la ventaja en favor de la izquierda.
Las últimas encuestas han abierto aún más la pequeña ventaja de Syriza respecto a ND, que ha optado por recrudecer el final de la campaña virando a la derecha. Con un objetivo claro –extraer votos de AD–, la fomación conservadora, además de comparar a Syriza con Corea del Norte y Venezuela, ha agitado el tema de la inmigración, la guerra civil y la dictadura militar de ultraderecha que gobernó el país de 1967 a 1974.

“Nuestra generación no rendirá el país a la izquierda. No se lo dejaremos a ellos, ¡no importa qué es lo que vamos a tener que hacer! (...) Lo que nuestros abuelos defendieron valientemente con armas de fuego, lo defenderemos con nuestro voto el domingo. Así que todos sabemos de lo que estamos hablando", declaró hace días el ministro de Sanidad, Makis Voridis, que cuenta con un largo pasado en la extrema derecha filofascista. Este estremecedor paralelismo con la Guerra Civil (1946-1949) apunta a Syriza como heredero del bando comunista que, encabezado por el hoy venido a menos KKE y los partisanos, se levantó contra la monarquía conservadora en el que fue el primer conflicto de la Guerra Fría. La intervención de los EEUU hizo caer la balanza del bando derechista, además de mostrar la impotencia para gobernar el mundo del decadente Imperio Británico.

El predecesor de Voridis al frente de la cartera de Sanidad, Adonis Geogiadis, ha unido la masacre de Charlie Hebdo con la inmigración señalando con preocupación que "estos de Syriza dicen que las fronteras deben estar abiertas". No parece importarle que muchos de los islamistas que se encuentran en Francia han nacido en suelo europeo. Esta línea islamófoba se ha avivado en las últimas semanas, como cuando Samaras abrió la campaña visitando una de las vallas por las que entran ilegalmente inmigrantes desde Turquía. "Los inmigrantes son los tiranos de la sociedad”, alegó Samaras. Es evidente que el surgimiento de los neonazis de AD ha girado ciertas cuestiones ideologógicas hacia la extrema derecha

Los últimos sondeos darían a Syriza 144 escaños de los 300 totales, por lo que necesitaría el apoyo de algún otro partido, que bien podría ser el centrista Potami, de reciente creación y que apunta a ser tercero por encima de AD y el KKE. Hay que recordar que ganar las elecciones en el país heleno te aporta un extra de 50 escaños. 

Y Tsipras encontró a Iglesias
El último mitin de campaña de Syriza en Atenas, en el que los seguidores de Tsipras corearon a su líder, a Pablo Iglesias y a Podemos está impregnado de un simbolismo que puede ser clave en el devenir europeo. Es evidente que el encuentro entre ambos líderes les refuerza mutuamente a día de hoy. Si hace casi un año se insinuó desde este blog la necesidad de un "Syriza español", en la víspera de las elecciones griegas parecen haberse dado los pasos correctos. La irrupción de Podemos, con todas las limitaciones teóricas que conlleva renunciar a la retórica de la lucha de clases y la cansina reivindicación del "sentido común" ya estudiadas en el blog, ha conseguido virar a la izquierda algunos de los debates básicos actuales en España, como la deuda, la renta básica, la austeridad o los desahucios. Además el ver rabiar a la derecha en su versión más pre Guerra Civil contra la izquierda debería convencernos de que algo se ha hecho bien.

Sin embargo, esta fase termina con las elecciones griegas, a partir de la cual se abren tres nuevos escenarios dependiendo del resultado del domingo. En primer lugar, una poco probable derrota de Syriza provocaría una decepción importante en la izquierda del sur de Europa, porque podría romper la inercia de acumulación de fuerzas de entre toda la sociedad que practica una formación como Podemos. Actuaría también como una "vuelta a la normalidad" en el que la derecha gobernaría bien apoyada por las instituciones europeas y por todo el aparato hegemónico que trata de vender una recuperación a la crisis, la cual, aunque se recrudeciera en el futuro, podría ser mansamente asimilada por una sociedad pasiva y una izquierda derrotada.

En segundo lugar, y en caso de que Tsipras se convierta en presidente, su gestión, bombardeada por la derecha mediática y económica, sería la mayor prueba para contrastar las posibilidades de Podemos en las generales. Un Tsipras sitiado e incapaz de imponer su programa y de negociar con éxito ante la troika sería igual o más devastador para la formación de Pablo Iglesias que la derrota mañana de la coalición de izquierdas. Este es quizás el escenario más probable para el futuro cercano teniendo en cuenta la fragilidad que caracteriza los gobiernos de izquierda en la UE del siglo XXI. 

El tercer escenario, el de la consolidación del gobierno de Syriza al frente de Grecia y de la obtención de mejores condiciones en el pago de la deuda ante la troika se advierte complicado; aunque, evidentemente, sería un empujon muy importante para Podemos en España. Destrozaría el tan empleado axioma retórico de la imposibilidad de ciertas políticas. En definitiva, la derecha debería renovar la dualidad entre "lo posible y lo imposible", una estrategia útil y muy transversal para atenazar a las inseguras sociedades europeas.

Sin embargo, la realidad de lo que ocurra en Grecia se filtra a través de los medios de comunicación. Tras más de dos años sin noticias de Grecia, tendremos que acostumbrarnos a escuchar todo tipo de barbaridades contra el nuevo gobierno, que aparecerá como responsable de los desastres que sufre el pueblo griego. Por ello, en cierta manera, Pablo Iglesias ha ligado su imagen –y puede que su éxito– a la de Tsipras. Si el último saca adelante positivamente los primeros desafíos a los que se enfrentará el proyecto Syriza, el primero quedará inmediatemente bendecido por el astro griego. Así, la imagen que encabeza el post y el recuerdo del emotivo mitin, podría sellar una larga alianza política entre ambas formaciones y países. Esto empujaría, a su vez, a nuevos partidos y movimientos en países del sur de Europa a seguir los caminos censurados por Bruselas, algo impensable hace poco tiempo.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Ucrania ahonda su división en las calles de Kiev (II)


Desde que la semana pasada se realizara en este blog un breve retrato del país y de las diferencias culturales y políticas que en él habitan, Ucrania ha continuado dando pasos hacia una situación de crisis gubernamental e incierto futuro económico que azota desde que hace tres semanas el presidente Yanukovich se negara a firmar el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea, provocando la ira de la oposición nacionalista proUE, que ocupa las calles de Kiev desde entonces. En esta entrada, se va a profundizar más en algunos de los numerosos matices que rodean esta crisis, que amenaza con alargarse en los próximos meses y que significa de facto el inicio de la campaña por las elecciones presidenciales de 2015.

Noche del 11 de diciembre
La Plaza de la Independencia, en la capital Kiev, ha vuelto a ser tomada por los manifestantes, que han construido barricadas más altas con el fin de dificultar un nuevo desalojo de la zona a manos de la Policía y de los antidisturbios. El enquistamiento de la situación ha empujado al gobierno de Yanukovich a reunirse con los anteriores tres presidentes del país, además de confirmar los cautos gestos de cercanía a la UE que nunca ha negado. Las declaraciones de los líderes de la oposición se han radicalizado aún más en las últimas horas, exigiendo la dimisión del propio Yanukovich, a la vez que lo acusaban de "haber escupido a la cara de 46 millones de ucranianos". "No se lo perdonaremos", declaró uno de los líderes opositores, Arseni Yatseniuk, joven dirigente de Batkivshchyna, el partido de la expresidenta Timoshenko, cuyo papel es ahora más simbólico al estar en la cárcel por corrupción.

Yakunovich, presionado por la UE
El presidente Yanukovich, líder del Partido de las Regiones, es la cabeza que muchos quieren ver rodando desde que no firmara el acuerdo con la UE para abrir las fronteras del país a los productos europeos a cambio de ayuda económica. Las razones del dirigente para el rechazo son bastante sensatas, ya que la UE solamente ha prometido mil millones de euros, una cifra ridícula en comparación con lo exigido por Yanukovich, que cifró en 160 mil millones la ayuda por la cual aceptaría el Acuerdo de Asociación con una UE en horas bajas. La oferta de Rusia, con el precio del gas y la Unión Aduanera con otros estados satélites exsoviéticos como factores fundamentales, es bastante más provechosa para el país. Sin embargo, esto podría ser el comienzo de una negociación larga que tiene en las elecciones presidenciales de 2015 una fecha clave. Además, por otro lado, EEUU está decidido a entorpecer las relaciones entre Ucrania y Rusia en el plano geoestratégico, aunque tampoco vería de buen grado la anexión de Ucrania a la UE por lo que supondría en el plano económico. Como medida de presión, EEUU, cuya secretaria adjunta para Asuntos Europeos se ha unido a las protestas con numerito incluido, ya ha amenazado con sanciones comerciales. Ante esta situación, Yanukovich es consciente de que puede negociar y regatear con ambos polos de influencia hasta que se reanuden las conversaciones con Europa en febrero, pero la presión interna de la oposición le complica la situación.

¿Quién agita Kiev?
Las plazas de medio mundo se han llenado en estos últimos años en protesta contra gobiernos y dirigentes. Las redes sociales y la juventud forman un componente clave para entender la formación de estas revueltas, muchas veces alentadas por agentes del imperialismo. Es curioso ver el tratamiento mediático que se le da a estos eventos dependiendo de los intereses de Occidente en el país en cuestión. Por ello, las revueltas en el mundo árabe fueron "buenas" al principio pero se acabaron "corrompiendo por su incapacidad para adaptarse a la democracia", según los análisis realizados por nuestros medios de comunicación en un claro ejercicio orientalizador. En el caso de Ucrania, los manifestantes son "luchadores por la libertad" contra el yugo y la injerencia de la Rusia de Putin, convenientemente satanizado desde hace años. Este análisis plano y arrogante aleja al espectador medio de la contextualización necesaria para comprender lo que acontece estos días en Kiev, como ya se explicó la semana pasada en otra entrada.

La oposición a Yanukovich se sitúa en torno a los pilares nacionalistas, proeuropeos, antirrusos y anticomunistas que caracterizan al nacionalismo ucraniano, cuyas expresiones más radicales rozan la apología del nazismo. Otro rasgo común de estas fuerzas, como ya se explicó en el anterior post sobre el tema, es el arraigo que esta ideología tiene en el oeste del país, siendo el este el bastión del regionalismo y, en menor medida, del comunismo.

Batkivshchyna
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Resultados en las presidenciales de 2010
También llamado Unión Patriótica de todas las Ucranias, es el segundo partido del país en número de votos las últimas presidenciales con Yulia Timoshenko como candidata. Con la oligarca en la cárcel por corrupción desde hace dos años, su imagen está siendo empleada como símbolo de las protestas. Firme creyente de  satanizar todo lo que huela a ruso o bolchevismo, como muestra sus intentos por reescribir la historia del país en la URSS durante el gobierno de Yushenko, ahora caído en desgracia. En esta unión de diversos bloques descansan muchas de las esperanzas de la UE al ser más moderado que otros partidos opositores aunque el UDAR le está comiendo terreno ultimamente en esa carrera.

UDAR
Alianza Democrática Ucraniana por la Reforma, liderado por un exboxeador (sic), Vitali Klitschko. Buen amigo de Merkel, este hombre que aboga por la transparencia y perseguir la corrupción ha aparecido en imágenes de todo el mundo estos días arremetiendo contra Yakunovich gracias a su faceta de famoso. Sin embargo, y aunque parezca arrastrar las masas con eficacia, es un partido de derechas, liberal en lo económico y proeuropeo que se niega a conmemorar fechas históricas de la URSS como la liberación contra los nazis. Su eslogan: "Desde el éxito personal, al éxito del país". Obtiene sus mejores resultados en la capital. ¿Os suena de algo? Sí, el UDAR es el UPyD ucraniano. Un partido al alza claramente, que bien podría sustituir a Batkivshchyna como gran partido de oposición.

Svoboda, "Libertad" en ucraniano
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Logo de Svoboda
Un partido de extrema derecha unido con los dos anteriores en oposición a Yanukovich. La tradición nacionalista ucraniana alcanza en esta agrupación su lado más radical y fascista, algo que remite a la colaboración con el Tercer Reich que el nacionalismo ucraniano profesó durante la Segunda Guerra Mundial. Al más puro estilo ultra, Svoboda ha decidido derribar por su cuenta monumentos y estatuas de la época soviética, algo que sería inconcebible en las regiones gobernadas por el Partido de las Regiones. "No hay lugar para los símbolos y la ideología comunista en la Ucrania Europea y si las autoridades no las derriban, lo haremos nosotros mismos", dijo uno de sus líderes al ser imputado por uno de esos actos vandálicos. ¿Ya sabéis quién se encargó de la estatua de Lenin, no?
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Símbolo del PNSU

El gen original de este partido es el Partido Nacional-Socialista de Ucrania, fundado en los primeros momentos tras la desintegración de la URSS y "enemigo irreconciliable del comunismo". Su símbolo original es bastante sugerente y no deja lugar a dudas. Calificado como "antisemita, ultranacionalista y extremista" por organizaciones de DDHH, esta formación fue suavizando algo sus formas entrado el nuevo milenio y se unió a la Revolución o Putsch Naranja de Yushenko dando los primeros pasos para la preocupante alianza que estos días agita Kiev. Fue en 2004 cuando cambió su nombre. Ahora visten de traje y corbata al buen estilo de la extrema derecha europea y los resultados electorales y afiliados han aumentado. Si en 2004 contaban con mil miembros, en 2010 ya alcanzaban los 15.000, aunque su importancia electoral es todavía pequeña. 

Sus resultados electorales son muy fuertes en Lyiv y en las regiones del oeste en general, donde nació y desde donde muchos de sus partidarios se han desplazado a la capital para participar en los disturbios. Se les distingue por la simbología nazi, los gases lacrimógenos y las banderas con sus tres dedos al aire del logo del partido que lucen durante las protestas.

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Resultados de Svoboda en las parlementarias de 2012
Ya vemos cómo, cuando la situación se radicaliza, las oligarquías no dudan en sacar a lo más violento de paseo y aliarse electoralmente con él. El fascismo sigue siendo muy funcional al gran capital en este S. XXI.

Ucrania: choque de dos oligarquías
Se podría pensar, ante la violenta arremetida de todas las fuerzas políticas derechistas, que el gobierno de Yanukovich representa claramente a la izquierda. Nada más lejos de la realidad. A pesar de que sus políticas difieren en muchos aspectos de los partidos derechistas, el Partido de las Regiones representa a la oligarquía blanquiazul, por así decirlo. Un sector de los oligarcas ucranios surgidos tras la desintegración de la URSS asentados en el este del país y asociados al partido regionalista tienen allí sus grandes feudos en cuanto a resultados electorales. Su discurso, dirigido a los mineros y obreros industriales de esas regiones, posee algo de la nostalgia que invade a muchos de esos proletarios respecto a la URSS. Un minero del Don, que gana en torno a 400 euros al mes y que vio cómo el Putsch Naranja agravó la crisis que el sector minero padece poniendo en peligro su puesto de trabajo, mira a Yanukovivh y los oligarcas que le patrocinan –el mayor de ellos es Akhmetov, propietario del Shakhtar Donestk, club emblema del este–  con cierta seguridad de que velara por sus intereses, aunque, en el fondo, sepa que son igual de delincuentes que los del oeste, que sus fortunas son igual de sospechosas. "Llevo trabajando toda mi vida en la mina y, sorprendentemente, no me he hecho millonario", contaba con agudo sarcasmo un entrañable obrero del Don en el documental The Other Chelsea. Es una lógica compleja. El clan oligarca regionalista evoca a la inequívoca cultura rusa que domina las zonas de Donestk, Luhansk o Kharkov para ganarse a la población, que desprecia al renacer naranja que mantiene en vilo el futuro de Ucrania.

Al oeste del país, el clan oligarca naranja apoyado por el gran capital europeo vende a sus masas electorales las lindezas de acercarse a Europa, tal y como hicieron en 1991 respecto a la independencia con dramáticos resultados. Sin embargo, es evidente que la UE solo busca abrir sus mercados en un período de crisis económica y que Ucrania y sus más de 45 millones de habitantes es un botín muy jugoso. ¿Por qué entonces se manifiesta tanta gente?

Una vez más a lo largo de la Historia, se ve a un pueblo manejado por los intereses de la alta burguesía, la propietaria de medio país, bajo el simbolismo de una bandera nacional. "La economía es el motor de la Historia", dice una frase marxista. Sin embargo, la nación sigue siendo a día de hoy el mejor agregador político y desplegar una bandera ucraniana junto a una de la Unión Europea posee un valor enorme para movilizar a las masas. Y es que son pocas las ocasiones en las que el comportamiento político de la sociedad se identifica con sus intereses reales, ni siquiera con verdades o realidades objetivas. Los valores que se les imprime a ciertos símbolos –como la libertad, bienestar e independencia proucraniana y antirrusa que estos días se expresan en las banderas que pasean por Kiev– son mucho más rentables que el discurso de, por ejemplo, el Partido Comunista, que a continuación resumimos. Es cierto también que, para situar la política en ese punto dialéctico, es necesario contar con importantes poderes económicos y mediáticos a través de los cuales canalizar el discurso. Por ello, a los oligarcas de ambos partidos mayoritarios les es tan fácil atraer a las masas y movilizarlas bajo banderas nacionales u otros simbolismos culturales.

Europa como arma política
Aunque los medios se empeñen en construir un mensaje plano y carente de complejidad de cara al público español y europeo, la misma Europa y la posible anexión de Ucrania a la UE es empleada por ambos grandes bloques políticos como un arma política. Por eso, Yanukovich está esperando las ofertas europeas y rusas a ver "quién paga más". La realidad es que el propio Partido Comunista, partidario de unirse a otras repúblicas exsoviéticas alrededor de Rusia en la Unión Aduanera, ha sido el que más empeño ha puesto por que el pueblo ucraniano conozca lo que le espera en caso de aproximarse a uno u otro bloque, llegando a pedir un referéndum sobre la cuestión y para lo que ha reunido tres millones y medio de firmas. Irónicamente, la oposición nacionalista ha boicoteado esta iniciativa comunista –quizás por saber hacia dónde se inclinaría la balanza– y el gobierno tampoco se unió a ella, empleando los tribunales para declarar ilegal la consulta.

Todo esta situación tan inestable debería alargarse hasta las elecciones presidenciales de febrero de 2015. A la espera de nuevas encuestas que analicen el impacto de los disturbios de Kiev y de cómo ha afectado a cada bando, los últimos datos de intención de voto son de principios de octubre realizados por el Centro Razumkov. Las tendencias muestran a la emergente marioneta de Klitschko como alternativa clara a Timoshenko como líder opositor. Los ruidosos neonazis siguen siendo minoritarios mientras que los comunistas no acaban de recuperarse de la crisis que les afecta desde el 2004 y la Revolución/Putsch Naranja.

Encuestas de cara a las presidenciales de 2015

martes, 3 de diciembre de 2013

Ucrania: una nación en eterna división (I)

Ucrania: ¿granero de Rusia o de Europa?

1991 Independencia
El gran reportero Ryszard Kapuscinski retrató, en un pasaje de su libro El Imperio, la independencia de Ucrania acontecida en 1991 describiendo las enormes manifestaciones que exigían la separación de su nación del resto de la URSS, que se derrumbaba durante esos días. Aquellos movimientos de masas, apuntaba el periodista polaco, se producían en la parte oeste del país mientras que en el este eran apenas unos poquitos miles los que desfilaban en pro de la independencia. Este matiz ha marcado la Historia del país durante todo el S.XX. Ucrania y su población se divide en una mitad prorrusa y una proeuropea. De ahí nacen los conflictos y divisiones que estos días se expresan en las calles de Kiev y que subyacen en la nación.

2013 ¿UE o Rusia?
Ucrania es un país grande y dotado de grandes recursos, además de ser una pieza geoestratégica clave para la ofensiva que EEUU y la UE llevan a cabo contra Rusia, que lleva más una década reconstruyendo su imperio con las ex-repúblicas soviéticas como Bielorrusia, Kazajstán y Armenia. El conflicto con Georgia en agosto de 2008 se enmarca en esa lucha por asentar su hegemonía en la región. Con los páises bálticos en manos de la UE, la importancia de una Ucrania cercana a Rusia se multiplica.

La oferta de Europa para atraer al país eslavo a su órbita es muy pobre en comparación a lo que puede ofrecer Rusia a la delicada economía ucraniana. Además, el ejemplo de los países bálticos y otras naciones que pasaron de estar bajo la influencia de Moscú a quedar unidos a Bruselas parece poco prometedor. La UE es un barco que se hunde, como bien sabemos por estos lares y, acercándose a ella, solo facilitas la destrucción de tu industria y el derrumbe de tu soberanía. Por ello, es comprensible que el presidente elegido en 2010 Yanukovich, del Partido de las Regiones, rechace la propuesta europea.

Un país dividido en dos: política, historia, cultura y fútbol
El Partido de las Regiones que gobierna actualmente el país bajo el liderazgo de Yanukovich, ex miembro del PCUS, obtiene sus mejores resultados en las regiones orientales del país, que son las de mayor población, las de mayor influencia rusa y las que poseen mayor industria y renta per capita. Las principales ciudades del este de Ucrania son Donestk, Dnipropetrovsk y Jarkov, con una fuerte tradición industrial y minera. El Partido Comunista, el tercero del país, mantiene cierta cercanía al Partido de las Regiones en algunos aspectos como la cuestión prorrusa.

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Procedencia del voto del regionalismo en las presidenciales de 2010 por regiones


Por el otro lado, el siempre caótico nacionalismo ucraniano está liderado ahora mismo por Yulia Tymoshenko, actualmente en la cárcel por corrupción, y su Unión Patriótica de Todas las Ucranias. Es un partido de derechas, fervientemente anticomunista y se acerca al liberalismo-conservador proeuropeo que ya se manifestó con fuerza en la Revolución naranja de 2004, cuando Viktor Yushchenko accedió a la presidencia en un movimiento político que atrajó la atención de Europa y que es considerado por sectores de la población del país como una suerte de golpe de Estado, el Golpe naranja. El nacionalismo ucranio tiene sus principales feudos desde el centro al oeste del país en ciudades como Kiev y Lyiv, la cual tiene un largo historial de pertenencia a potencias europeas y es donde más se manifiesta el rechazo a Rusia. Muchos de los que se manifestaron en Kiev durante el fin de semana venían de la zona occidental de Ucrania, incluyendo miembros de organizaciones ultraderechistas.

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Procedencia del voto del nacionalismo ucraniano en las presidenciales de 2010 por regiones

La anteriormente mencionada cercanía entre el regionalismo y el Partido Comunista se manifiesta también en el mapa electoral, en el que ha habido un trasvase votos de uno a otro partido en el este del país. El Partido Comunista mantuvo unos fuertes resultados electorales hasta la Revolución naranja, a partir de la cual muchos de sus votantes se acercaron al partido de Yanukovich. Sin embargo, en las últimas elecciones parlamentarias de 2012, el comunismo volvió a florecer en las regiones orientales industriales hasta sumar un total de 2,6 millones de votos a lo largo del país. Durante los años de presidencia de Viktor Yushchenko (2005-2010), el comunismo denunció una fuerte represión hacia sus militantes mediante el acoso, detenciones e, incluso, asesinatos.

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Resultados del Partido Comunista en las parlamentarias de 2012 por regiones
                               
El relato histórico nacional ha sido también uno de los campos de batalla donde más empeño ponen ambas tendencias ideológicas. La Unión Soviética es satanizada sistemáticamente por el nacionalismo, mientras que los mineros orientales del Don no tienen reparos en manifestar cierta nostalgia por ese país ya desaparecido, como se ve en el documental The Other Chelsea, del cual se hablará más tarde. El mito del Holodomor, bien alimentado por el nacionalismo ucranio en el extranjero y por Robert Conquest durante la Guerra Fría, es quizás el ejemplo más claro de esta disputa.

La Segunda Guerra Mundial delató una importante diferencia entre los sentimientos del pueblo ucraniano. Por un lado, el nacionalismo, desde el exterior especialmente, colaboró con el Tercer Reich contra la URSS, aunque la mayoría de la nación se opuso heróicamente a la invasión nazi, que ensayó un verdadero genocidio en los territorios soviéticos hacia una raza que consideraban inferior. Era tal la obsesión antisoviética y antisemita de los nacionalistas ucranianos que sus periódicos fueron suspendidos de actividad en Canadá cuando EEUU entró en la contienda por ser abiertamente nazis. Por eso no es extraño ver esvásticas y simbología fascista entre los que alborotan estos días las calles de Ucrania. Ni que quieran cortarle la cabeza a una estatua de Lenin. Quien tuvo, retuvo. La historia es muestra de ello.

Estas diferencias políticas se expresan también en el campo cultural del país. Así, el idioma ruso es el primero de un 30% de la población, especialmente en las ciudades de las regiones orientales. Las tradiciones culturales –por ejemplo, en la música– son también prorrusas en esas regiones y proeuropeas en la capital y en occidente.
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Porcentaje por regiones de hablantes de ucraniano
                            
Pero si en un ámbito se dividen las masas de manera más clara es en el fútbol. Y, aunque en este blog no se ha mezclado nunca deporte y política en esta medida, este es el momento adecuado. Ucrania, que fue el sostén de la mayoría de las grandes selecciones soviéticas y que aportó de la mano del genial Valeri Lobanovski una revolucionaria manera de comprender el deporte rey con el fútbol total del Dinamo de Kiev, está dividida entre dos grandes equipos: el propio equipo capitalino y el Shakhtar Donestk, orgullo de la Ucrania minera, industrial y prorrusa, que lleva años de claro dominio y cuya gesta en la Copa de la UEFA de 2009 se refleja en el documental The Other Chelsea, del alemán Jakob Preuss. Con cierta ironía, el Shakhtar viste de naranja, color del nacionalismo, y el Dinamo de azul, asociado al Partido de las Regiones.

En este marco, parece inevitable que las fricciones entre estas dos maneras de sentir el país choquen cada cierto tiempo, más teniendo en cuenta los intereses que se ciernen sobre el que fuera granero de la URSS.

La Ucrania de hoy y la de ayer
Sin embargo, para analizar la actual Ucrania es imposible no retroceder al período soviético y a lo que ha venido tras él. A pesar de que la historiografía hegemónica se empeñe en retratar a la URSS como un Imperio tiránico y opresor de las nacionalidades que lo conformaban, la realidad es que desde el primer momento de la Revolución de Octubre se trató a las naciones de aquella naciente Rusia de una manera infinitamente más respetuosa que con el Zar en el poder. Se fomentó la cultura de cada nacionalidad mediante el idioma, editoriales y Academias, a la vez que se defendía el derecho de autodeterminación en caso de que la nación lo quisiera. De hecho, el primer comisario Encargado de las Nacionalidades fue el georgiano Stalin, cuya gran aportación teórica al bolchevismo fue quizás la cuestión nacional y a quien se le acusaría más tarde del genocidio de Holodomor, ampliamante desacreditado. Aunque es cierto que el bolchevismo reprimió duramente el nacionalismo y el anarquismo tras la Revolución y que la hambruna de principios de los 30 desesperó al campesinado ucranio, las razones por las que se produjeron estos acontecimientos están lejos de una posible perversidad por parte de Moscú, que veía en Ucrania una zona imprescindible. La industria nacional se desarrolló notablemente en los años 30 tras sufir la citada hambruna y la economía fue mimada desde el Krémlin tras la Segunda Guerra Mundial o Gran Guerra Patriótica, contienda que fue filmada por Yulia Solnyseva y Dovjenko, excelente cineasta ucraniano y soviético hasta la médula, en La lucha por nuestra Ucrania Soviética.

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Crecimiento demógrafico en el S. XX.

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Évolución del PIB en los últimos años.
En la actualidad, las estadísticas son claras y no favorecen a los ultranacionalistas. En los últimos veinte años, la Ucrania capitalista se ha convertido casi en un estado fallido, siguiendo la tendencia de sus otrora naciones hermanas. Una muestra clara es el declive demográfico que amenaza al país en los últimos años. Ucrania, que llegó a contar con 52 millones de habitantes, no llega ahora a 46 habiendo perdido casi 7. Las grandes industrias han perdido un peso desastroso y el PIB no se ha recuperado nunca de la dramática caída tras la independencia, cuando surgieron multitud de oportunistas que se hicieron millonarios aprovechándose de los recursos y la corrupción del país, como es el caso de la propia Yulia Tymoshenko. En esta situación, el futuro del país parece incierto y conflictivo, tal y como se ha manifestado durante estos días, en los que el nacionalismo ucraniano ha salido a la calle con una fiereza que aquí sería incocebible. De entre las espectaculares imágenes que nos han dejado los disturbios, resulta casi emotiva la de la Policía defendiendo la estatua dedicada a Lenin ante los ataques de los más violentos. Los medios de comunicación no dudan en etiquetar a estos manifestantes de héroes que luchan por la libertad contra el enemigo: la Rusia de Putin. A pesar de que la UE nos haya llevado en parte a la lamentable situación en la que España y muchos países más se encuentran, Europa sigue vendiendo como estandarte de libertades, progreso y derechos. Muchos lo creen todavía, en Madrid y en Kiev.

1942: Ucrania ocupada
Para terminar con un alabanza al pueblo ucraniano transcribo el breve texto de Eduardo Galeano en su maravilloso libro El fútbol a sol y sombra sobre un grupo de ucranios que se enfrentó en un partido de fútbol a una selección nazi en la Kiev ocupada:
También para los nazis, el fúbol era una cuestión de Estado. Un monumento recuerda, en Ucrania, a los jugadores del Dínamo de Kiev de 1942. En plena ocupación alemana, ellos cometieron la locura de derrotar a una selección de Hitler en el estadio local. Les habían advertido: "si ganan, mueren". Entraron resignados a perder, temblando de miedo y hambre, pero no pudieron aguantarse las ganas de ser dignos. Los once fueron fusilados con las camisetas puestas, en lo alto de un barranco, cuando terminó el partido.