Mostrando entradas con la etiqueta pablo iglesias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pablo iglesias. Mostrar todas las entradas

sábado, 24 de enero de 2015

El cambio en el sur de Europa pasa por Grecia

Enlace permanente de imagen incrustada
Soy jubilado. No puedo vivir en estas condiciones. Me niego a buscar comida en la basura. Por eso he decidido poner fin a mi vida. Dimitris Christoulas
Tsipras quiere convertir Grecia en Corea del Norte, y no permitiremos que eso suceda. Sus propuestas fiscales no son una esperanza, sino el filo de una navaja para los hogares griegos. No estamos dispuestos a volver atrás. Andonis Samaras
La trágica llamada a una televisión griega de una mujer deseperada por su situación económica que conmocionó a media Europa hace una semana resume de manera directa y contundente el estado del pueblo trabajador heleno tras cinco años de devastación neoliberal e imposiciones de la troika. Las elecciones de este domingo, que parten con Tsipras como claro favorito, se han erigido en la penúltima esperanza no solamente para el pueblo griego sino también para buena parte de las izquierdas de la Europa mediterránea, entre las cuales destaca desde España la notable irrupción de Podemos, partido liderado por el carismático Pablo Iglesias. Lo que ocurra el domingo y durante los primeros meses de un eventual gobierno Syriza podría ser clave para el posible ascenso de Podemos.

Antecedentes político-electorales
La crisis económica iniciada a finales de la década pasada ha devastado especialmente las regiones mediterráneas del sur de Europa. Grecia, que pidió al FMI medidas de ayuda financiera –el famoso rescate– para evitar la suspensión de pagos hace cinco años, copó hasta hace poco los titulares informativos que retrataban al país balcánico como un desastre mayúsculo. El partido Nueva Democracia, de similar genealogía política que nuestro Partido Popular con sus vínculos pasados con la dictadura, el fascismo y el gran capital, falseó los datos de déficit antes del colapso financiero (con la ayuda de Goldman Sachs, por cierto), situación denunciada a posteriori por Papandreu, el líder del PASOK, vencedor en las elecciones del 2009 en plena tormenta. Dos años después, y tras no permitirle la UE someter a referendum el paquete de ajustes sociales que el gobierno quería implementar, Papandreu dimitió siendo sustituido por el tecnócrata Papademos. Un golpe de Estado financiero en toda regla similar al de Italia.

Las elecciones de mayo y junio de 2012 cambiaron completamente el panorama político del país, dejando un Parlamento fragmentado y surgiendo como alternativa de izquierdas Syriza, que experimentó un crecimiento portentoso abanderando las políticos contra la austeridad y el pago de la deuda, mientras que Nueva Democracia (ND) obtuvo una pírrica victoria. El desplome de la socialdemocracia clásica del PASOK y la aparición del neonazismo de Amanecer Dorado (AD) fueron otras notas destacadas de aquellos comicios. Desde entonces, Syriza y ND vienen acumulando apoyos creando una suerte de nuevo bipartidismo que el domingo se pondrá a prueba.

Situación socioeconómica
La frase que encabeza este post escrita por Dimitris Christoulas en su nota de suicidio resume el deterioro acelerado que las clases subalternas han sufrido en Grecia últimamente. Dimitris, un farmacéutico jubilado que quedó sin la pensión que había costeado en vida, es un caso típico en el país, que presentaba unas tasas de suicidio muy bajas antes de las crisis. La elevada tasa actual se ceba especialmente en los hombres adultos, acosados por la responsabilidad fallida de obtener los ingresos con los que sustentar a sus familias, y ancianos, que como Dimitris optan por quitarse de en medio en situaciones familiares críticas a nivel económico. También, y debido a los recortes para prevenir el uso de drogas intravenosas, han aumentado los casos de VIH entre una población joven con niveles de desempleo que superan los de España y que encuentran en nuevas drogas una vía de escape. (Ver figura)
http://cdn.theatlantic.com/static/mt/assets/business/youth%20unemployment%202013.png 
El paro, que llegó al 28% hace un año, ha decrecido hasta el 26% en los últimos meses, aunque, como bien saben los españoles hoy, esas cifras no reflejan la realidad que se está imponiendo sobre las clases populares europeas: la precarización del trabajo como regla general y la posibilidad de vivir en la pobreza aún estando ocupado laboralmente. Algo similar se podría decir respecto al repunte del PIB con el que Samaras y ND esperan vender el esperado progreso que  llega a la sociedad griega tras años de sacrificios.

El índice Gini (Ver figura) aúpa a Grecia a los primeros puestos en el ranking de desigualdad de la UE, solo superada por países como Letonia o Bulgaria, que ya padecieron en los 90 el quizás mayor aumento de desigualdad conocido en el mundo en tan poco tiempo tras el colapso del campo soviético. Además, el 70% de los parados lo son de larga duración, lo que ha provocado que muchos griegos pierdan su seguro sanitario (tres millones de griegos no poseen cobertura médica) en lo que se ha convertido en uno de los más grandes desastres acontecidos en Grecia en los últimos años: la destrucción de la sanidad debido a los recortes. Aunque esta situación ha generado redes de solidaridad ciudadana, la austeridad ha propiciado que los griegos tengan que pagar 10 euros por consulta y 700 euros por parto, por poner un par de ejemplos. Para empaparse mejor del estado del país, conviene acceder a informes de especialistas, medios pequeños y piezas sueltas de grandes medios que retratan en profundidad lo que aquí se ha esbozado brevemente.

Este descalabro político-social propicia las condiciones objetivas para que el domingo gane por primera vez un partido que aspira a decir no a la austeridad y a los mercados desde un gobierno legítimo.

Previa: ND apela a la extrema derecha

https://pbs.twimg.com/media/B7-j37sCYAArQfa.jpg:large
Una de las últimas encuestas estira la ventaja en favor de la izquierda.
Las últimas encuestas han abierto aún más la pequeña ventaja de Syriza respecto a ND, que ha optado por recrudecer el final de la campaña virando a la derecha. Con un objetivo claro –extraer votos de AD–, la fomación conservadora, además de comparar a Syriza con Corea del Norte y Venezuela, ha agitado el tema de la inmigración, la guerra civil y la dictadura militar de ultraderecha que gobernó el país de 1967 a 1974.

“Nuestra generación no rendirá el país a la izquierda. No se lo dejaremos a ellos, ¡no importa qué es lo que vamos a tener que hacer! (...) Lo que nuestros abuelos defendieron valientemente con armas de fuego, lo defenderemos con nuestro voto el domingo. Así que todos sabemos de lo que estamos hablando", declaró hace días el ministro de Sanidad, Makis Voridis, que cuenta con un largo pasado en la extrema derecha filofascista. Este estremecedor paralelismo con la Guerra Civil (1946-1949) apunta a Syriza como heredero del bando comunista que, encabezado por el hoy venido a menos KKE y los partisanos, se levantó contra la monarquía conservadora en el que fue el primer conflicto de la Guerra Fría. La intervención de los EEUU hizo caer la balanza del bando derechista, además de mostrar la impotencia para gobernar el mundo del decadente Imperio Británico.

El predecesor de Voridis al frente de la cartera de Sanidad, Adonis Geogiadis, ha unido la masacre de Charlie Hebdo con la inmigración señalando con preocupación que "estos de Syriza dicen que las fronteras deben estar abiertas". No parece importarle que muchos de los islamistas que se encuentran en Francia han nacido en suelo europeo. Esta línea islamófoba se ha avivado en las últimas semanas, como cuando Samaras abrió la campaña visitando una de las vallas por las que entran ilegalmente inmigrantes desde Turquía. "Los inmigrantes son los tiranos de la sociedad”, alegó Samaras. Es evidente que el surgimiento de los neonazis de AD ha girado ciertas cuestiones ideologógicas hacia la extrema derecha

Los últimos sondeos darían a Syriza 144 escaños de los 300 totales, por lo que necesitaría el apoyo de algún otro partido, que bien podría ser el centrista Potami, de reciente creación y que apunta a ser tercero por encima de AD y el KKE. Hay que recordar que ganar las elecciones en el país heleno te aporta un extra de 50 escaños. 

Y Tsipras encontró a Iglesias
El último mitin de campaña de Syriza en Atenas, en el que los seguidores de Tsipras corearon a su líder, a Pablo Iglesias y a Podemos está impregnado de un simbolismo que puede ser clave en el devenir europeo. Es evidente que el encuentro entre ambos líderes les refuerza mutuamente a día de hoy. Si hace casi un año se insinuó desde este blog la necesidad de un "Syriza español", en la víspera de las elecciones griegas parecen haberse dado los pasos correctos. La irrupción de Podemos, con todas las limitaciones teóricas que conlleva renunciar a la retórica de la lucha de clases y la cansina reivindicación del "sentido común" ya estudiadas en el blog, ha conseguido virar a la izquierda algunos de los debates básicos actuales en España, como la deuda, la renta básica, la austeridad o los desahucios. Además el ver rabiar a la derecha en su versión más pre Guerra Civil contra la izquierda debería convencernos de que algo se ha hecho bien.

Sin embargo, esta fase termina con las elecciones griegas, a partir de la cual se abren tres nuevos escenarios dependiendo del resultado del domingo. En primer lugar, una poco probable derrota de Syriza provocaría una decepción importante en la izquierda del sur de Europa, porque podría romper la inercia de acumulación de fuerzas de entre toda la sociedad que practica una formación como Podemos. Actuaría también como una "vuelta a la normalidad" en el que la derecha gobernaría bien apoyada por las instituciones europeas y por todo el aparato hegemónico que trata de vender una recuperación a la crisis, la cual, aunque se recrudeciera en el futuro, podría ser mansamente asimilada por una sociedad pasiva y una izquierda derrotada.

En segundo lugar, y en caso de que Tsipras se convierta en presidente, su gestión, bombardeada por la derecha mediática y económica, sería la mayor prueba para contrastar las posibilidades de Podemos en las generales. Un Tsipras sitiado e incapaz de imponer su programa y de negociar con éxito ante la troika sería igual o más devastador para la formación de Pablo Iglesias que la derrota mañana de la coalición de izquierdas. Este es quizás el escenario más probable para el futuro cercano teniendo en cuenta la fragilidad que caracteriza los gobiernos de izquierda en la UE del siglo XXI. 

El tercer escenario, el de la consolidación del gobierno de Syriza al frente de Grecia y de la obtención de mejores condiciones en el pago de la deuda ante la troika se advierte complicado; aunque, evidentemente, sería un empujon muy importante para Podemos en España. Destrozaría el tan empleado axioma retórico de la imposibilidad de ciertas políticas. En definitiva, la derecha debería renovar la dualidad entre "lo posible y lo imposible", una estrategia útil y muy transversal para atenazar a las inseguras sociedades europeas.

Sin embargo, la realidad de lo que ocurra en Grecia se filtra a través de los medios de comunicación. Tras más de dos años sin noticias de Grecia, tendremos que acostumbrarnos a escuchar todo tipo de barbaridades contra el nuevo gobierno, que aparecerá como responsable de los desastres que sufre el pueblo griego. Por ello, en cierta manera, Pablo Iglesias ha ligado su imagen –y puede que su éxito– a la de Tsipras. Si el último saca adelante positivamente los primeros desafíos a los que se enfrentará el proyecto Syriza, el primero quedará inmediatemente bendecido por el astro griego. Así, la imagen que encabeza el post y el recuerdo del emotivo mitin, podría sellar una larga alianza política entre ambas formaciones y países. Esto empujaría, a su vez, a nuevos partidos y movimientos en países del sur de Europa a seguir los caminos censurados por Bruselas, algo impensable hace poco tiempo.

jueves, 29 de mayo de 2014

Sobre la irrupción de Podemos

Pablo Iglesias y Podemos, los principales triunfadores del pasado 25-M

En las pasadas elecciones al Parlamento Europeo del 25 de Mayo, destacó (además del desplome del bipartidismo) la irrupción de Podemos. El partido de Pablo Iglesias, con menos de cuatro meses de existencia, logró cinco escaños y se convirtió en la tercera fuerza en comunidades como Madrid o Asturias. Si bien el movimiento liderado por el propio Iglesias, Juan Carlos Monedero, Iñigo Errejón y demás intelectuales anteriormente conocidos por los programas La Tuerka y Fort Apache ha suscitado desde su nacimiento largos debates entre la izquierda, los sorprendentes resultados de los comicios del domingo han colocado a Podemos definitivamente en el panorama mediático, y no hay televisión o periódico de masas que no haya dedicado gran parte de sus crónicas electorales al que es hoy el partido revelación.

Realmente, no se puede entender este éxito sin las constantes apariciones de Pablo Iglesias en horarios de máxima audiencia. Desde que el año pasado comenzara a dejarse ver en los debates de Intereconomía frente a Jiménez Losantos para más tarde convertirse en asiduo de La Sexta Noche y Las Mañanas de Cuatro, la popularidad del profesor madrileño ha experimentado un ascenso meteórico y constante, alcanzando su cénit el pasado 25 de Mayo. Como cada vez que un movimiento progresista consigue resultados electorales esperanzadores, no han faltado ni los grandilocuentes epítetos ni las feroces críticas desde la derecha y ciertos sectores de la izquierda. En este escrito, trataremos de analizar el por qué de los cinco escaños de Podemos y la difícil relación entre los intelectuales de la Tuerka y los llamados ortodoxos, que ni mucho menos ha nacido este domingo.

La importancia de la hegemonía y la comunicación política

Resulta difícil de creer que un partido tan joven logre cinco escaños, a pesar del descontento general con el bipartidismo, el apolitismo imperante y el hecho de que las elecciones europeas favorezcan el voto de castigo. Otros colectivos que irrumpieron recientemente para regenerar la democracia, como Ciutadans o Movimiento Red, ni se acercan al millón de personas que votó a Iglesias el 25-M. Por su parte, UPyD, que en su día se presentó como una alternativa a PP y PSOE, ha sufrido un notable estancamiento por las enormes dificultades que supone ser la Stacy Malibu de siempre con sombrero (rosa) nuevo. En cuanto a IU, a pesar de cosechar unos resultados decentes, puede decirse que no ha sabido aprovechar estos años de excepcionalidad para convertirse en una alternativa de gobierno real. Podemos es sin duda el gran triunfador del pasado domingo, pero ¿cómo han conseguido unos profesores de Ciencias Políticas ilusionar a la gente y convertir en poder electoral el descontento abanderado por el 15-M hace tres años?

La respuesta está en la brillante lección de comunicación política que han brindado Iglesias y los suyos al espectro político en general y a la izquierda en particular durante su campaña. No son pocas las veces en las que ellos mismos han reconocido su voluntad de adaptar el mensaje, de convertir las ideas de la izquierda en ideas de sentido común. De nada sirve defender las bondades de la nacionalización de sectores estratégicos y la socialización de los medios de producción si no se convence a las masas de que es lo realmente necesario para el país. Y no se persuade al pueblo recitando El Capital, sino hablándole en su idioma. Esta táctica, muchas veces criticada por los marxistas-leninistas más ortodoxos, ha demostrado ser útil, al menos para lograr votos y politizar a sectores olvidados hace mucho por la izquierda. Y, aunque se podría discutir mucho sobre la ideología de Podemos, parece indiscutible que detrás de sus mensajes facilones hay un dilatado estudio de lo que Engels y Marx llamaban superestructura y que Gramsci desarrollaría más adelante en su estudio de la hegemonía.

De esa voluntad de adaptar el discurso han salido frases como "no se trata de izquierdas ni derechas, sino de sentido común" o "para defender ciertas cosas no hace falta ser de izquierdas, sino patriota". Por mucho que puedan doler estas afirmaciones, hay que entenderlas como formas de acercarse a sectores de la población que, siendo potencialmente de izquierda, sienten un miedo atroz al comunismo. Pero al ser su voto crucial para la toma de poder, desde Podemos se ha apostado por prescindir de términos como "dictadura del proletariado". En cuanto a la concepción de la idea de patriotismo entendida como defensa de lo común y no el culto a una bandera, hay que reconocerle a Iglesias haber encontrado una buena forma de apropiarse desde la izquierda de un concepto tan importante en comunicación política como es el nacionalismo (especialmente en España, donde los sectores progresistas ha tenido siempre grandes problemas para utilizarlo en su provecho). No hay que olvidar, por blasfema que pueda resultar la comparación, que símbolos del socialismo como Fidel Castro y Hugo Chávez imprimieron, sobre todo en sus inicios, un enorme componente nacional a sus discursos. Entendiendo que la revolución bolivariana es el principal referente de la masa tuerkera, no es de extrañar que hayan optado por una estrategia similar.

En esta conferencia de hace un año, el ahora líder de Podemos resumía mejor que nadie la estrategia que tomaría posteriormente para exigir medidas como nacionalización de la banca y auditoría de la deuda sin utilizar simbología tradicional de izquierdas.

Otro punto importante para entender el éxito de Podemos es su constante aparición en los medios de comunicación. Si bien la derecha mediática ha empezado hace pocos días una previsible campaña contra el movimiento, relacionándolo con Irán, Venezuela, ETA y todo lo que pueda asustar al votante español, no puede negarse que otros medios como LaSexta, Cuatro o Público han contribuido positivamente a la popularidad del partido púrpura. Los cinco escaños son inimaginables sin ese poder mediático otorgado por la prensa burguesa. Y aunque, como todo, ha sido motivo de crítica, la apuesta por salir de lo marginal y entrar de lleno en la política-espectáculo de programas como La Sexta Noche le ha salido, de momento, bastante bien a Iglesias y su tropa.

La eterna lucha entre revisionistas y dogmáticos

Este artículo busca, además de localizar las claves de Podemos, poner en el punto de mira un conflicto inherente a la izquierda transformadora que desde el domingo se ha intensificado en las redes sociales: el eterno debate entre reformistas y ortodoxos, trotskistas y estalinistas, socialdemócratas y dogmáticos. Un tema que se remonta a los inicios del siglo XX y que, resultando siempre aburrido, se repite constantemente. Las recientes entrevistas del joven periodista de Furorvlog al rapero Pablo Hasel (14:17) y Pablo Iglesias (14:10) simbolizan perfectamente esta "guerra civil" entre comunistas, que siempre se ha traducido en dificultades para esa necesaria unión de la izquierda.

Fundado por Bernstein hace más de cien años (lo que no impide que puedan llamar obsoletos siempre que quieran a los marxistas), el revisionismo es la doctrina que, sin renunciar al socialismo, reniega de cuestiones básicas del pensamiento de Marx y Engels. Puede adoptar muchas formas, siendo la más común la socialdemocracia (entendiéndola como una izquierda bastante más progresista que el PSOE, sin llegar al marxismo), que rechaza la vía violenta a la revolución y puede pecar de un culto al electoralismo perjudicial para el movimiento socialista. Hoy, casi todo el mundo utiliza el término "revisionista" con intención peyorativa, y la experiencia histórica muestra que, en la mayoría de ocasiones, esta ideología suele actuar como cara amable del capitalismo y  acaba traicionando a la clase obrera.

Por su parte, se llama izquierdista al marxista que, buscando la mayor "pureza" posible, resulta contraproducente y termina siendo un enemigo de clase. El propio Lenin advirtió del peligro de esta patología, a la que definía como "enfermedad infantil". También conocidos como ortodoxos y dogmáticos, suelen ser marginales, nostálgicos del socialismo real, simpatizantes del terrorismo y posiblemente sean la izquierda más radical del espectro político.

De este sector del movimiento comunista han salido, exceptuando a la derecha más rancia (cuya opinión no interesa en este artículo), los mayores críticos de Podemos. Algunos de los puntos que le reprochan a Iglesias son los comentados en el apartado anterior. El utilizar "casta política" en lugar de "burguesía" es, para muchos, desaconsejable. Porque ese ímpetu en adaptar el discurso para llegar a la masa ha provocado que las bases del partido se hayan llenado de gente con poca formación política que, en nombre de Podemos, han llegado a escribir tweets contra la propia Venezuela de Maduro. Y aquí hay un problema importante. Porque además de la propaganda, hay que tener en cuenta la educación de la clase obrera. De nada sirve conseguir votos de gente que al día siguiente continúa siendo masa manipulable por el sistema capitalista.

Otros aspectos como el personalismo, la tendencia a desmarcarse del extinto socialismo del este, las innecesarias críticas a la URSS, un presunto lado oscuro de sus líderes, algunas intervenciones polémicas de Iglesias o Monedero, la simpatía hacia el movimiento de personajes tan complicados como Santiago Alba Rico o el tratamiento más que benévolo de las cadenas más progresistas hacia la formación púrpura también hace sospechar a los llamados ortodoxos. Y aunque canse a muchos el empeño en atacar hasta la extenuación a toda izquierda no marxista, seguramente la mejor manera de respetar a Podemos como movimiento sea ser constantemente críticos con él, del mismo modo que lo defendemos ante las injurias de la caverna.

Las críticas más "conspiranoicas", de hecho, ven a Pablo Iglesias como la versión contemporánea de Felipe González, en tanto abanderado de una transición que la burguesía prepara en este clima de descontento general con el régimen operante. El tiempo dirá si Podemos termina traicionando a la clase obrera, pero de momento esas acusaciones extremistas no se asemejan demasiado a la realidad.

Sin tratar de etiquetar a nadie como izquierdista o reformista, todo comunista debería saber localizar ambas "desviaciones" de la ideología y criticarlas, ya que ambas son perjudiciales a su manera. La clave está, seguramente, en tomar a Marx como referente y no como biblia. Podemos no es marxista como tal, pero sí ha contribuido a ilusionar y empoderar a unas masas que habían perdido toda fe en la política. Una presumible anexión a IU (entendiéndolo esta unión como algo más que una simple suma de siglas), sumado al desplome de PP y PSOE, podría optar a gobierno en pocos años. Y ese poder institucional, con sus limitaciones, mejoraría la vida de la gente. Todavía no se sabe si Pablo Iglesias es el hombre que abanderará ese proyecto o la enésima traición de la socialdemocracia. De momento, sólo podemos ver cómo evoluciona esta nueva propuesta electoral.