viernes, 14 de septiembre de 2012

El peligroso desprestigio de los sindicatos

 


Viendo la valoración de las instituciones por parte de los españoles no resulta difícil vislumbrar un futuro preocupante. La monarquía sigue siendo una de las instituciones más valoradas, a pesar de situarse en su porcentaje más bajo de aceptación -en 1995 llegó a superar el siete de media-, las pacíficas fuerzas armadas se sitúan en lo más alto mientras que la clase política y los sindicatos no cuentan con el respaldo de la mayoría de los españoles. Son datos que dan que pensar.

Si bien es cierto que los políticos y los sindicatos -me refiero a UGT y CC.OO, especialmente- llevan mucho tiempo en una dimensión aparte del pueblo raso, no lo es menos que la monarquía y las fuerzas armadas son instituciones tan viejas y anticuadas por definición como la propia civilización. Parece que estas instituciones con tan poca tradición democrática aguantan mejor el desgaste que la propia democracia, representada en políticos y sindicatos. La respuesta a esta cuestión es compleja y no cabe en una entrada de un modesto blog. Sin embargo, merece la pena echar un vistazo al desprestigio de los sindicatos.

 El culto a los sindicatos es tan nocivo como el del estado, pero existe y amenaza ser más grande cada vez.

La frase es de Ferdinand Domela Nieuwenhuis (1846-1919). Este holandés que pasó de pastor luterano a ateo y de socialista a anarquista vivió un tiempo en el cual las ideas socialistas estaban en plena eclosión. Nieuwenhuis, que se consideraba anarquista antes que sindicalista, vio en su día que los sindicatos iban camino de convertirse en nuevas fuentes de dogmas, tal y como lo habían hecho las religiones milenios atrás. Esta decadencia de las agrupaciones de obreros tan palpable en la actualidad tiene algo de la frase del ingenioso holandés. La intocabilidad de los sindicatos dentro del movimiento obrero favoreció ese proceso de divinización. Esa falta de evolución -hay que recordar que el marxismo se definió desde el comienzo como científico, luego debe ser revisado constantemente-  acabó creando unos sindicatos apoltronados y sin verdadera iniciativa, siempre al rebufo de la socialdemocracia. Puro decorado en el solemne salón que es la democracia. Por eso resulta tan ridículo que algunos sectores culpen en parte a los sindicatos por la situación laboral española. Puede que UGT y CC.OO no vayan a solucionar nada pero no son el quid de la cuestión.

¿Un futuro sin sindicatos?
La pregunta es más retórica que realidad aunque sabemos de políticos que desean una sociedad donde la actividad sindical tenga que realizarse en la clandestinidad. Y nada sorprende ya en esta España de Rajoy y Bertín Osborne. Para analizar la importancia de los sindicatos en la sociedad he echado un vistazo a lo que ocurre en EE.UU, que, a pesar de pasearse por el mundo vendiendo la democracia a cambio de petróleo y bombas, sigue siendo un país orgulloso y donde se pueden encontrar contenidos informativos de gran complejidad comparados con los de España -aquí está el CIS y poco más. 

Una web muy recomendable es Think Progress. En esta web encontré un interesante artículo acerca de la decadencia de los sindicatos en Estados Unidos. En él se detalla que, en los últimos 40 años, el reparto de la riqueza en las clases medias ha ido de la mano con la disminución de la sindicación por parte de los trabajadores norteamericanos. Ya se habló en un post de hace un par de meses de la tendencia de las clases altas estadounidenses a repartirse el mayor trozo de pastel en los últimos decenios. ¿Será la decadencia sindical un posible factor a tal injusticia? Este gráfico parece claro.

Viendo esta situación, sería recomendable que no despreciáramos el cometido de estas agrupaciones. Una buena concienciación y un espíritu crítico bastaría para remodelar el papel de unos sindicatos acomodados y convertirlos en útiles herramientas de progreso social.  De conseguirlo, los sindicatos podrían volver a adquirir un papel protagonista en la escena política como lo fueron en tiempos pasados. Todavía se les espera.

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