jueves, 12 de septiembre de 2013

La reforma migratoria y la economía de guerra norteamericana

Defendiendo a la patria estadounidense de la avalancha de señoras de la limpieza mexicanas.
Tras los brillantes experimentos por la democracia en Afganistán e Irak, los republicanos de Estados Unidos han propuesto una nueva manera de perpetuar el espíritu valeroso y belicista -660 bases militares en 38 países a lo ancho del globo- que caracteriza al país de la comida basura y las reservas de indios. En el marco de la reforma migratoria, la propuesta elefantina pretende militarizar hasta límites demenciales la frontera con México.

El plan militar-migratorio incluye todo un repertorio de muros, prisiones y 40.000 guardias armados -hace diez años eran 10.000 y ahora 21.000- para un total de 46 billones de dolares en armamento. Todo un despliegue de gastos que hace preguntarse si los republicano odian tanto al gobierno como ladra su ridícula retórica para analfabetos y fundamentalistas religiosos, cada vez menos exitosa. Porque, si bien Obama está demostrando la banalidad mediática en que consiste la política de ese país imperialista, su discurso no asusta a minorías étnicas y mujeres de la misma manera que el que pregonan los tarados del Tea Party.

La paranoia por militarizar la frontera no obedece a la realidad ya que en los últimos años la llegada de inmigrantes se ha estancado, además de que la vía más fácil de entrada sigue siendo por avión. Llegar de turista y no volver, básicamente. Por otra parte, los nuevos requisitos para que un mexicano obtenga la nacionalidad estadounidense contemplan vivir 13 años en el país, hablar un perfecto inglés y pagar impuestos sin recibir ayudas del gobierno.

No war, no money
Sí, la paz es bonita, pero también es frágil por lo que no dura mucho. Algo así deben pensar los gobiernos de Estados Unidos. A una paz, se le sucede una nueva guerra, así hasta saciar la voracidad del gran capital -esto es, hasta siempre-. No hay que olvidar que la economía del país se ha a retroalimentado con importantes subvenciones del Estado a la industria armamentística, mientras la mass media justificaba dichos gastos en nombre de la "seguridad nacional". Desde la misma Guerra contra España hasta el actual rearme en la frontera, la industria de las armas que promueve la muerte ha sido bien tratada por Washington, incluyendo al semental Reagan, gran marioneta de la industria a finales de la Guerra Fría.

Fue la Segunda Guerra Mundial la que impulsó nuevamente la economía del gigante norteamericano tras el crack del 29, que hundió el país. Tras la contienda más sangrienta de la Historia, Estados Unidos vio empeorar su economía por lo que adoptó ad infinitum la política de militarización constante, lo cual se tradujo en numerosas guerras y en un intervencionismo imperialista que ha marcado el siglo XX. Con la propuesta republicana, unas cuantas empresas verán medrar sus contratos con el gobierno: Northrop, Bell, y General Atomic, entre otras.

Este gigantesco y poderosísimo lobby ya provocó recelos a finales de los 50 de Eisenhower, militar metido a Presidente tras la Guerra de Corea. En su discurso de despedida, el hombre de cabeza redondeada pronunció estas frases:
«En los consejos de gobierno, tenemos que tener cuidado con la adquisición de una influencia ilegítima, deseada o no, por parte del complejo militar-industrial. Existe el riesgo de un desastroso desarrollo de un poder usurpado y [ese riesgo] se mantendrá. No debemos permitir nunca que el peso de esta conjunción ponga en peligro nuestras libertades o los procesos democráticos»
Y en el horizonte está Siria, un nuevo órdago para el imperialismo estadounidense, que libra en Oriente Medio una batalla decisiva para la hegemonía global.

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